La tragedia de Guatemala y la fuerza de la naturaleza

- 07 de junio de 2018 - 00:00

Al geógrafo, investigador y naturista alemán Alexander von  Humboldt se le atribuye la frase: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos; duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”. En relación con los volcanes -Humboldt subió a algunos de la Sierra central- cuánta razón tenía. En efecto, la Mama Tungurahua lleva casi dos décadas de una constante y permanente actividad, el Cotopaxi nos puso en estado de alerta hace tres años, el Guagua Pichincha volcó todas sus cenizas sobre Quito casi a finales del siglo anterior, lo mismo hizo el volcán Reventador.

Por lo tanto, nadie puede negar que somos un país que se fundó en una zona volcánica, a los pies de la cordillera de los Andes, lo cual también convierte a Ecuador en un país telúrico y, al mismo tiempo, único y de enorme atracción para el turista extranjero que, con solo remontar esa escarpada geografía, llega a la costa tropical.

Casi toda la América, desde México y Centroamérica, hasta la Patagonia, tiene esa característica volcánica que describió Humboldt. Otros han denominado a este espacio geográfico como un “cinturón de fuego”; incluso Guatemala tiene un volcán denominado Fuego, que desde la semana pasada comenzó un proceso de erupción que hasta hoy arrojó un saldo de más de 70 muertos y miles de personas, especialmente campesinas, desplazadas hacia otros lugares de ese país.

Esas tierras agrícolas fueron destruidas por el paso de la lava ardiente. Animales, aves, una variada fauna y también flora nativa quedaron sepultados tras el paso de la materia incandescente. Ese país vive una de sus peores tragedias naturales y hoy requiere de ayuda y solidaridad, que ya fue expresada por el Gobierno Nacional y necesita ser canalizada para que llegue a su destino.

Como país que ha sufrido desastres naturales -terremotos o inundaciones- conocemos la importancia de la solidaridad que hemos recibido; y hoy tenemos que devolver con generosidad. (O)