La situación de Venezuela ya no es del agrado del Papa

- 15 de febrero de 2019 - 00:00

Durante los momentos más efervescentes de la crisis venezolana el presidente Nicolás Maduro siempre pidió y obtuvo tregua. La clave para calmar las manifestaciones, tal como lo atestigua la información internacional, fue la invocación al diálogo tramitada a través de personalidades mundiales.

Expresidentes y líderes políticos de todas las ideologías siempre se mostraron dispuestos a colaborar en las negociaciones. El más solicitado siempre fue el Sumo Pontífice porque es la máxima autoridad del catolicismo mundial. La oposición venezolana nunca estuvo de acuerdo con las mediaciones del Papa, por considerarlas muy cercanas al chavismo y alejadas del pensamiento mayoritario, reflejado en las protestas ciudadanas en Caracas y en la mayor parte de las ciudades de Venezuela.

Hasta que apareció una posición diferente de la autoridad vaticana, distante, crítica, incluso sorprendente. El importante diario italiano Corriere della Sera publicó una carta que no ha sido desmentida y que, por lo tanto, permite asegurar que la escribió el papa Francisco, quien se dirige a Nicolás Maduro soslayando su calidad de presidente de Venezuela (solo menciona su nombre) y que, además, le reclama por algunos compromisos incumplidos relacionados con la crisis y el respeto a otras entidades, como la Asamblea Nacional.

El Papa siente temor por un posible “derramamiento de sangre” (esto es interpretación del diario italiano), pero está dispuesto a tender otra vez la mano. En 2016 el papa Francisco había planteado condiciones para un diálogo: elecciones libres, restitución de la Asamblea Nacional, apertura de un canal humanitario y liberación de los presos políticos. Según Corriere della Sera, todos los intentos de mediación se han interrumpido porque lo que se decidió en las reuniones no se cumplió... “el Papa está amargado y desilusionado”.

Por el momento a Maduro le queda una fotografía del 24 de octubre de 2016 durante su visita al Vaticano, en la que se ve al Pontífice con sus dedos en la frente del venezolano a modo de bendición. (O)