Ser ciudadano

- 23 de septiembre de 2018 - 00:00

Ante la crisis moral presente en muchos campos de la convivencia humana, creo necesario invitar a reflexionar sobre lo que implicaría ser ciudadano en pleno siglo XXI; a tal propósito, parece dable retomar principios para el diario vivir; en este sentido llamo la atención sobre la importancia de forjar en los niños y en los jóvenes una conciencia acorde con la realidad actual, progresista y enraizada en la idea de convivencia pacífica. Esta temática merece tratarse en nuestro medio, porque formamos parte de una sociedad dividida que soportó diez años a un gobierno intolerante, con altos niveles de corrupción.

Reconozcamos que, pese a las serias deficiencias en materia educativa, gracias a los avances tecnológicos los ciudadanos de este siglo accedemos a información como nunca antes se pudo, también somos conscientes de las posibilidades que poseemos para exigir y resistir frente a cualquier poder que amenace nuestra condición de seres humanos libres y pensantes. Por suerte conocemos al instante lo que ocurre en el mundo y tenemos capacidad de apreciar críticamente cuando se lesiona la dignidad de las personas.

Respetar a todos es condición esencial de convivencia, a otras costumbres, maneras de pensar y de expresarse, parece ser un camino para evitar conflictos. Ser solidarios también nos proyectará como personas sensibles ante la amenaza contra toda forma de vida, la solidaridad implica la voluntad para apoyar las más variadas causas que consideramos justificadas dentro de un ideal de justicia, ante abusos, atropello, destrucción y despojo. Cuidar los recursos de todo tipo también se presenta como condición para avanzar, ejemplo, tanto en clave individual y colectiva se consolida una conciencia poderosa para defender el ambiente y el planeta.

Pero, no es sencillo el reto que tiene por delante el ciudadano del siglo XXI, porque las condiciones para un futuro medianamente llevadero son poco conocidas y no están garantizadas. (O)