Riqueza, pero sin las reglas del capitalismo

30 de mayo de 2011 - 00:00

Ecuador es un país pequeño, altamente conflictivo y violento por las desigualdades emanadas de una vieja estructura feudal que, muy a nuestro pesar, insiste en conservar sus privilegios.

Ese persistente y cada vez más débil sentimiento de posesión tiene hoy en el Servicio de Rentas Internas (SRI) al organismo que, a través de la declaración patrimonial, conseguirá romper la barrera que impide ver lo que ocultan para trasparentar el origen de sus ingresos. No se trata, como argumentan sus voceros, de una política persecutoria contra quienes han logrado prosperidad a través de bienes heredados o el trabajo honrado; se trata, simplemente, de analizar la fuente del enriquecimiento de quienes inexplicablemente, como decían nuestros abuelos, prosperaron “de la noche a la mañana” para procurarse una vida irresponsable y frívola.

Esta élite, a la que le molesta mezclarse incluso con los menos ricos de su gremio, deberá explicar cómo hacen algunos de sus prominentes ejemplos de caridad cristiana y trabajo creativo para viajar cada 15 o 20 días a Miami -con empleada doméstica incluida- a comprar ropa, leche, golosinas y carne de Omaha, según ellos más nutritiva que la chola ingerida por estos lares. Sigmund Freud descubrió que los niños, cuando perciben que sus padres no son perfectos, inventan progenitores ideales para suplantarlos. Esta forma de frustración y curiosa fantasía infantil tiene explicaciones lógicas: les apesta el país, pero dependen de él para vivir con cuentagotas en el paraíso del Tío Sam.

Por eso detestan las transformaciones emanadas del Gobierno de la revolución ciudadana, impulsadas sin las reglas del capitalismo.

Ojalá entiendan, para su bienestar, que el regateo de 10 o 20 dólares mensuales al sueldo de su servidumbre es inversamente proporcional a lo que dilapidan en almuerzos ejecutivos y excentricidades copiadas del jet set de Miami, pero el de Walter Mercado y Cristina Saralegui, porque los gringos de Florida son excluyentes. Finalmente, que no lo tomen como un prejuicio contra el nivel de realizaciones del ser humano, pues si algo tenemos claro es que “a cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad”.