¿Quién auspicia a Jefferson?

27 de abril de 2011 - 00:00

Nadie va a olvidar la medalla olímpica del marchista Jefferson Pérez, pero tampoco que al hacer política la desluzca y se coloque como un vocero nada inocente de un sector que no tiene figuras éticas para hacer válidas sus tesis y se apegan a la desestabilización, como ya ocurrió el 30 de septiembre.Es realmente lamentable el uso que hacen los medios privados de la imagen de Pérez. Y él ha caído mucho más bajo al poner a Augusto Pinochet como un símbolo de valentía para declararse dictador. Eso prueba que no conoce la historia y tiene un bajo nivel conceptual para analizar la política ecuatoriana. El marchista se resbala en su quehacer político desde una matriz moral que, seguramente, se sustenta en el alimento dado por el Banco Pichincha durante estos últimos años. Banco que no ha dudado en señalar su oposición a la consulta popular. 

Si Pérez es transparente, que cuente cuánto dinero ha recibido de ese banco y si no depende de esa chequera para su activismo político.Las entrevistas de varios medios impresos y emisoras con el marchista, que no ponen una sola a favor del Sí, evidencian la estrategia oculta: colocarlo como un potencial candidato para las elecciones de 2013, como ya se explicó en este periódico el lunes pasado. Si los medios sirven de escenario para la promoción electoral, cumplen con tristeza su rol de mediadores entre la sociedad, el poder y los actores políticos. ¿Desde qué presupuestos políticos habla Pérez para advertir el peligro de una dictadura cuando la mayor expresión de democracia es la toma de decisiones con base en el pronunciamiento popular? Su presencia masiva en los medios solo expresa la desesperación de la oposición para no confrontar democráticamente una consulta que propone salidas a los problemas reales del Ecuador.