La protección de los testigos debe estar garantizada

- 05 de junio de 2019 - 00:00

Algunos dichos populares señalan que no hay crimen perfecto, porque siempre se deja alguna señal o rastro que queda en evidencia y por ahí se aclara el delito. En el periodismo existe lo que se denomina secreto profesional, lo cual permite al periodista o al investigador mantener la reserva de su fuente o de la persona que le dio la información.

Un caso mundialmente conocido fue el Watergate, Estados Unidos, que derivó en la renuncia del presidente Richard Nixon por un caso de espionaje político-electoral.

Dos periodistas de The Washington Post, a través de una rigurosa investigación, descubrieron una trama en contra del Partido Demócrata gracias a una fuente que nunca revelaron, a pesar de las fuertes presiones republicanas.

En otros delitos más recientes, como el Lava Jato en Brasil, la figura jurídica para dar con los responsables se denomina “delación premiada”, que en nuestro código penal se lo conoce como cooperación eficaz.

Gracias a ese concepto jurídico, la Fiscalía ha logrado señalar a los responsables del financiamiento de una campaña política con fondos donados por empresas nacionales y extranjeras, pero no declarados a la autoridad electoral.

Una exasesora durante el Gobierno anterior, que luego alcanzó importantes cargos en la Función Judicial, ahora se acoge a la delación premiada para que su condena sea rebajada. Lo importante de esta figura es que permite señalar culpables y -aunque más difícil- recuperar el dinero de la corrupción.

Un medio digital cometió el error de informar que la exasesora fue apuñalada en la cárcel de Latacunga. Eso no ocurrió, empero, la Fiscalía General del Estado decidió proteger a la testigo y la trasladó a Quito a una denominada “casa de confianza”, para seguir recabando la información del caso conocido como Arroz Verde que, hasta el momento, ha conseguido la detención de dos importantes exfuncionarios, en tanto que otro logró fugarse.

Proteger a los testigos es fundamental para aclarar los casos de corrupción que, al contrario de un homicidio, pocas veces dejan huellas. (O)