Proletarios, obreros y/o trabajadores del mundo ¿uníos?

01 de mayo de 2012 - 00:00

Desde que Carlos Marx y Federico Engels escribieran El Manifiesto del Partido Comunista, uno de los tratados políticos más influyentes de la historia, por encargo de la Liga de los Comunistas, entre 1847 y 1848, y publicado por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848, el movimiento obrero tuvo otro sentido para las sociedades.

Y por eso, el 1 de mayo, que tiene otro referente histórico para su celebración, no tendría el mismo significado sin ese manifiesto.

En particular, como todos los tratadistas lo han reconocido, “por primera vez la historia política e intelectual de una sociedad está determinada por el modo de producción y la formación socioeconómica que se deriva de él”.

Por eso, quizá, toda celebración del Día del Trabajador debe estar signada y ubicada en ese contexto. NO puede ni debe apartarse de las reales condiciones en las que se desenvuelve el trabajador en una sociedad concreta.

Incluso, como se indica en el manifiesto, la emancipación de la clase trabajadora o del proletariado  significa la de toda la humanidad.

Y a esta afirmación hay que mirarla como un postulado complejo y enorme para situar cómo debe conmemorarse este día.

En otras palabras, saber hasta dónde esa clase trabajadora realiza y concreta esa emancipación en cada una de sus luchas. No es solo que alcance conquistas particulares, sino cómo su lucha también “arrastra” cambios al resto de la sociedad.

Con todo, el tema es más complejo: no han sido necesariamente los sindicatos ni los gremios obreros lo que mayor protagonismo han tenido en los últimos años en la transformación del Ecuador.

Y sin embargo, los cambios ocurridos han beneficiado mucho a los trabajadores. En esa perspectiva habría que evaluar el sentido actual del movimiento obrero, no solo el de sus conquistas particulares, sino hasta dónde tienen un impacto en el cambio de la sociedad mi