¿Por qué no hubo golpe de Estado?

01 de octubre de 2011 - 00:00

Ese afán inusitado, aparentemente consensuado, de opositores, entrevistadores y editorialistas para imponer, gracias al poder mediático, la tesis de que no hubo intento de golpe de Estado, y menos de magnicidio, ensombrece todo pensamiento y da pena.

Si hubiese un manual de golpes y derrocamientos, ya tendríamos desde dónde analizar y conjeturar, pero en la lógica política de América Latina esos acontecimientos ocurren con el vértigo y la evolución menos explicable.

En los últimos días, los esfuerzos por desconocer un hecho complejo, la incapacidad para dividir en sus partes a cada uno de los “fotogramas” de la realidad de hace un año, la exacerbada búsqueda de culpables donde están las víctimas y la desesperada persistencia de acusar en vez de explicar revelan una miopía política para hacer oposición. De ahí sus magros resultados electorales y también de reconocimiento público.

Si no se consumó el golpe de Estado, ojalá lo entiendan, fue por dos razones indiscutibles: El Presidente de la República no cedió a ninguna presión y la ciudadanía salió a las calles a defender la democracia. Y no cualquier democracia, sino la que se construye sobre la base de una Constitución legitimada y defendida por muchos sectores, incluidos aquellos que ahora toman distancia del Gobierno y que apoyaron su elaboración y aprobación.

De ceder, el Mandatario tendría un escenario de chantaje permanente, una presión de otros sectores por sus intereses particulares y la institucionalidad del Estado en crisis. Y esa determinación reveló a la ciudadanía una coherencia política y una autenticidad que genera admiración. Y si la ciudadanía no hubiese salido, los mismos policías y golpistas habrían optado por el asalto, la muerte y el caos como si fuesen dueños de las calles y armas. Esa ciudadanía colocó la tensión como un asunto de democracia o golpe.  Y por eso, una muchedumbre salvó la democracia el 30 de septiembre de 2010.