No más estigmas a personas diversas

16 de diciembre de 2011 - 00:00

Los colonizadores españoles impusieron en tierras americanas el sistema castellano de la centralización jurídica, política, social, cultural y religiosa, por sobre la estructura milenaria de los pueblos  ancestrales. El desconocimiento de la existencia de seres diversos en el otro lado del mundo los llevó a preguntarse, incluso, si tendrían alma. Entonces decidieron convertirlos al cristianismo para eliminar cualquier vestigio de anteriores creencias y purificarlos a través del bautismo, pero como entes en pecado, para que se produzca el milagro de la conversión.

El dogmatismo de la Iglesia Católica se encargó de que nadie olvidara el significado del pecado mortal con la complicidad  del demonio en cualquier acto que se saliera del libreto. Para ello creó el Tribunal del Santo Oficio, cuya misión divina era combatirlo  y sacarlo a  través de la tortura. La metodología y la técnica fueron aplicados contra los indígenas, mujeres acusadas de brujería y adulterio, y homosexuales.

El estigma del prejuicio y las huellas del crimen de lesa humanidad, cometidos en nombre de Dios, se extendieron desde la colonia hasta la época republicana del país. En 1997, y por la lucha permanente de los colectivos de defensa de los derechos de las minorías, se revisó el contenido del Art. 516, literal 1, del Código Penal, que sancionaba la homosexualidad con prisión de cuatro a ocho años. Un año después, el gobierno de la Revolución Ciudadana introdujo en la Constitución de 1988 el artículo 68, por el que las uniones de hecho entre dos personas, sin especificar su género, tienen los mismos derechos y obligaciones que el matrimonio, siempre y cuando convivan en unión monogámica por más de dos años.

El miércoles 14 de diciembre del presente año Janeth Peña se acogió a este artículo para reclamar al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social el montepío y cesantía, luego de que su pareja, Thalía Álvarez Carvallo, falleciera. Thalía participó en la Asamblea Constituyente de 2007-2008, en Montecristi, en calidad de activista defensora de los derechos de las mujeres lesbianas.