Ecuador, 26 de Junio de 2022
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El Telégrafo
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Ni la lucha armada ni las negociaciones

El viernes próximo, cuando el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, presente la demanda de adhesión del Estado constituido, de acuerdo a las fronteras impuestas luego de la guerra  regional de 1967, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, podría conseguir lo que no han podido desde hace décadas la lucha armada ni las negociaciones. La estrategia de Abas es simple y lógica: solicitará la concesión del estatuto de "Estado no miembro", tal como es el Vaticano, y obtener una mayoría simple en el organismo, como la tienen 127 Estados de 194; de esa manera  se convertiría en miembro nato con plenos derechos en las agencias de la ONU y tratados internacionales.

Si consigue su ingreso, como lo deseamos quienes aún creemos en la justicia, será el primer paso para que Israel ponga fin a la ocupación de su territorio. Para ser un Estado reúne todos los elementos (población, territorio y gobierno), pero carece de soberanía. En este punto, Israel solamente está dispuesto a permitir una entidad menor, conocida como “Bantustán”, aunque se denomine Estado.

A todo esto se debe que la IV Convención de Ginebra que regula los derechos de la población civil bajo ocupación militar, jamás fue acatada y, como pueden suponer nuestros lectores, las ciudades y aldeas permanecen fragmentadas, los recursos acuíferos incautados y su población vive confinada, si es que a esa forma de ignominia se la puede llamar vida, frente a la opulencia y organización de la inmensa red de colonias y carreteras de exclusivo uso judío para desplazarse a las ciudades enclavadas en Cisjordania.

Una carga tan pesada e injusta, incluso a los ojos de ese Dios único al que invocan, no podía ser ignorada por las más grandes instancias mundiales como la Asamblea General de la ONU, dado que Estados Unidos, el gran garante de los abusos israelíes cometidos, no ha sido capaz de permitir que el proceso de paz avance.

El reconocimiento del Estado palestino tampoco significa el final ni el estancamiento de las negociaciones sobre las fronteras definitivas, pero supone un mayor equilibrio en las posiciones negociadoras sobre un Estado ocupado militarmente por otro con el respaldo de las leyes y organismos internacionales.

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