Multas para educar a esos conductores que causan caos

- 03 de junio de 2018 - 00:00

“La letra con sangre entra”, dice un viejo refrán utilizado generalmente por los padres de antaño cuando querían corregir a sus hijos o cuando el muchacho era un poco testarudo y negado a los estudios, entonces venía el castigo.

Algo similar se recrea ahora en el tema tránsito. La sociedad hoy en día está consciente de que el ruido que hacen los conductores de buses o vehículos particulares con sus cláxones se constituye en una forma de contaminación ambiental, que afecta los oídos de quienes están expuestos y su sistema nervioso. Y más allá de esta problemática, también está aquella que emerge de igual manera en las calles, especialmente en sus intersecciones, esas que son bloqueadas por aquellos choferes que presurosos se pasan la luz amarilla e incluso la roja del semáforo y obstaculizan el libre tránsito de quienes tienen la preferencia en ese momento.

El caos que se forma en las vías de Guayaquil, crispa los nervios hasta del más pasivo humano que enfrenta este atropello. El problema ha sido recurrente y por años, pero como el silbato del vigilante y sus señales no funcionan para el caso, la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM), ente regulador del tránsito en las calles del puerto principal, desde el pasado viernes, empezó el control y también la ejecución de sanciones a quienes incurran en este tipo de infracción. La multa, para nada módica, corresponde a un salario básico unificado, es decir que el infractor, el que bloquea el paso de otros automotores cuando él no tiene la preferencia, deberá pagar $ 386.

La ATM comunicó que más allá de esta sanción económica, lo que pretende es que el conductor deje de incurrir en esta infracción. La última semana de mayo, según esta institución, se contabilizaron 224 infracciones de este tipo, con una reducción del 80% frente a las 1.111 que se detectaron hace dos meses en esta misma ciudad. Los conductores usan como coartada a su favor los desfases en el sistema de semaforización, algo que aceptó la ATM, pero que no es excusa para volver caótico el tránsito vehicular en la urbe. (O)