La mendicidad, un tema sensible que sigue latente

- 27 de junio de 2019 - 00:00

La mendicidad es un problema que no se lo ha podido erradicar de la sociedad, pese a los esfuerzos que realizan las diferentes instituciones estatales con programas enfocados en esta problemática, las familias que piden limosna junto a sus pequeños hijos, y que arriesgan sus vidas al estar en las calles, siguen practicando esta actividad.

Un caso puntual son los exteriores de la Terminal Terrestre de Guayaquil, específicamente la vía que colinda con la Escuela de Formación de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE). Allí, todos días, se sitúan madres de todas las edades con sus tiernos hijos en brazos, dormidos, somnolientos, y otros que corretean o simplemente esperan junto a sus progenitoras que alguien les provea de ayuda.

379.745 menores -de entre 5 y 17 años- no estudian, ya que trabajan, según la última encuesta de trabajo infantil. De ese grupo, el 60,4% cree que este sacrificio sirve para ayudar en casa. Mientras que los más pequeños, de 0 a 5 años, son obligados a acompañar a sus padres a laborar o mendigar.

Y eso es lo que se refleja en la terminal terrestre. Pero allí no solo pernoctan mujeres de la ciudad o del país, asimismo, las inmigrantes venezolanas han optado por ese mal llamado recurso para salir adelante. Los niños se desenvuelven en un espacio inseguro, no solo por los vehículos que transitan a pocos metros, sino también por los extraños que deambulan por los exteriores.

Las campañas de sensibilización -que sí existen- deben extenderse y llegar a los sitios donde se concentra esta actividad. Los usuarios colaboran, de vez en cuando, porque ese cuadro les toca sus fibras más sensibles. Sin embargo, más allá de hacer un favor o de ser solidario, se está creando un concepto o imagen de que estar allí “es bueno” o “rentable”.

Las autoridades que han hecho énfasis en este problema a través de los ministerios competentes deben estar alerta, pues hay recurrencia en esta práctica. Quienes lo hacen, se alejan del lugar por unos días cuando se sienten vigilados, pero luego regresan. (O)