Los primeros pasos hacia un nuevo país

21 de mayo de 2011 - 00:00

Luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) presentara los resultados oficiales de la consulta popular del pasado 7 de mayo, los cuales dieron la quinta victoria consecutiva en comicios al gobierno de Rafael Correa, los organismos del Estado ya están preparando los primeros pasos hacia la ejecución de los temas que se abordaron en el plebiscito.

El Ejecutivo -como era lógico, al ser el proponente del referendo- fue el primero en actuar. Una vez que se fueron esbozando las primeras cifras oficiales, el presidente Rafael Correa confirmó que Paulo Rodríguez, actual director nacional del Registro Civil, será el representante de ese poder del Estado en el Consejo Tripartito que asumirá, por 18 meses, las funciones del Consejo de la Judicatura. Como ya se ha vuelto costumbre, inmediatamente voces desde la oposición han lanzado dardos  venosos por esta designación, al asegurar que Rodríguez no es jurista y que poco será su aporte para reestructurar la justicia. Lo que los detractores del Ejecutivo desestiman es que el Consejo Tripartito no solo evaluará a los magistrados del país, sino que también modernizará el sector de la justicia. Uno de los proyectos que ya se han adelantado para que se realice en esos 18 meses es  digitalizar los procesos, es decir llevar a “cero papeles” a la Función Judicial. Rodríguez ha liderado uno de los cambios más radicales vistos en el Ecuador. El Registro Civil Nacional, hasta antes de este Gobierno, era la viva imagen  de todos los males que aquejan al aparato estatal. Ahora, para  bien de la ciudadanía, esta entidad se ha convertido en una de las que mejores servicios brinda, con tecnología de punta y optimizando los recursos. Ningún ecuatoriano se opondría a que la misma atención que ahora se da en el Registro Civil también se la brinde en las cortes provinciales del país.

Ecuador apostó en la consulta popular por un cambio profundo de la justicia. Es obligación de las funciones del Estado iniciar, lo antes posible, con ese mandato popular dejando a un lado las críticas  viscerales de aquellos que desean que todo siga siendo igual.