Los fastos de la Patria

- 10 de agosto de 2019 - 00:00

*Editorial histórico -10 de agosto de 1919

El Ecuador conmemora hoy el aniversario del día que en la ciudad de los Shyris resonara en el año de 1809 el primer grito de ¡Independencia! que de modo estentóreo se diera por primera vez en el territorio de lo que en ese entonces se llamaba Presidencia de Quito.

Ciento diez años han transcurrido desde aquella fecha, por muchas vicisitudes pasó el país, y todos sabemos que si en cierto modo fueron estériles los sacrificios de los héroes del 10 de Agosto de 1809, la sangre que de los patriotas comprometidos en ese movimiento republicano, hizo correr el armado brazo del español soberbio, fue germen fecundo para que más tarde se cimentara la institución democrática sobre bases de libertad y elementos de progreso.

Después de los tiempos en los que el tronar del cañón acalló la voz de cariñosa simpatía que nos induce a ver en España la madre que supo infiltrar en la raza hispano-americana sus dotes de altivez y caballerosidad, cualidades que ennoblecen a los hijos como la madre y los ligan en la marcha común de la vida, ha llegado la época de despertar una franca corriente de unión entre el noble Reino de España y cada una de sus antiguas posesiones de ayer en América, Repúblicas independientes hoy, Estados soberanos, países democráticos cuyos ciudadanos se honran en profesar amistad sincera hacia la patria de Isabel la Católica, la ilustre protectora de Colón.

Como medio de conseguir estrecha y franca amistad con la nación española, se debiera omitir del recuento de las glorias épicas de los libertadores, cuanto pueda ofender la dignidad de ese Estado, digno por todos los conceptos de las mayores consideraciones.

Es tiempo ya de que no se hurgue más en el terreno de las susceptibilidades, so pretexto de patriotismo y bajo la capa del entusiasmo. Las tendencias de los pueblos en la actualidad es la de las alianzas, y con nadie mejor que con España debieran las naciones de Sud América y, el Ecuador en primer término, negociar Tratados de Paz y Comercio que unan a los pueblos respectivos en comunes lazos de amistad sin resabios ni remembranzas de acontecimientos que ocurrieran en mérito del derecho que a cada cual asiste para su emancipación en el mundo social y político.