Los “analistas” al servicio del mercado y del capital ajeno

19 de agosto de 2012 - 00:00

Desfilan con la misma desfachatez con la que sus entrevistadores hablan y “comentan”. En su lógica son los excelsos pensadores de las relaciones internacionales y administradores del bien y del mal. Lo más importante para ellos es el comercio entre Inglaterra y Ecuador.

Si nuestro país adopta una posición soberana, ellos tiemblan por no poder exportar. No somos, en su “profundo pensar”, una nación o una república, apenas una gran fábrica de productos que espera a sus clientes con la mirada baja.

Para ellos Julian Assange y el asilo político son dos figuras inexistentes en su manual del perfecto comerciante. No da plata, no hace rico a nadie y por el contrario perturba los negocios y hasta fastidia a los magnates en su rutina de hacer plata sin medir fronteras ni soberanías.

Lo mismo hicieron cuando Uribe atacó Angostura. Ahí la soberanía les valió un pepino. Más importante era estar en contra del Gobierno ecuatoriano que cualquier principio fundamental de soberanía y respeto. Ahora hacen lo mismo. Y son ellos los más buscados por la prensa comercial y algunos hasta tienen páginas en esos periódicos que califican de maniobra distractora el otorgar asilo al periodista Assange. ¿No son acaso la expresión del espíritu de cuerpo de la derecha más recalcitrante y de ese neoconservadurismo a ultranza que no hace sino pensar en dólares y trabajar para la renta privada?

De todos modos, todos estos acontecimientos (Angostura, las falacias de la CIDH y de la OEA, ahora lo de WikiLeaks y Assange) decantan a esos personajes, aparentemente “sabios y lúcidos”, en su más absoluta condición de siervos y neocolonialistas, que por su cabeza no ha pasado otra cosa que imaginar a Ecuador como una colonia de cualquier imperio, con tal de ver reflejados en ellos sus complejos.

Y que sigan nomás siendo entrevistados y alabados por la prensa comercial, porque mientras más se exponen y exhiben, las nuevas generaciones mejor los conocen (o desconocen) para bien del sentido común y los más importantes valores de la democracia del Buen Vivir.