Las marchas y la intención de Vera

04 de septiembre de 2011 - 00:00

La democracia se fortalece con la participación ciudadana y una vida política mucho más intensa. Y si ese fuese el propósito verdadero de las concentraciones organizadas por el activista Carlos Vera, estaríamos apuntando en esa dirección. Pero da la impresión de que son otros los objetivos, pues sólo así se explica el minúsculo apoyo que recibe.

Durante la semana que termina hubo decenas de anuncios publicitarios para la denominada concentración Un grito por la libertad. Varios periódicos  publicaron llamados de un octavo de página y en muchas emisoras los spots se repetían cada media hora. ¿Quién los paga? ¿Son contribuciones generosas de los medios?

El resultado efectivo es que, ayer, no superaron el medio millar de asistentes, los discursos giraron sobre el mismo sofisma (en el Ecuador no hay libertad), y tampoco se escucharon propuestas políticas para la gente.

Los usuarios regulares del parque La Carolina pasaron de largo. ¿Entonces? Posiblemente dirán que así empiezan las grandes marchas, pero hay una sola explicación: la política tiene asidero en una realidad: no se la puede construir desde las mentiras.

Carlos Vera tiene todo el derecho de convocar y provocar el debate político, pero parece que sus argumentos (“la dictadura”, “la falta de libertad”, “el totalitarismo”) se sostienen como una hoja en medio de un huracán.

Ahí es cuando empieza a tomar consistencia la sospecha de qué mismo se está buscando con todo eso. Alguien, entre sus discursos, dijo que ya es hora de cambiar de presidente y los pocos asistentes aplaudieron. ¿Ese es el propósito?

Y si fuese abiertamente esa la intención, ahí están los mecanismos democráticos para hacerlo. ¿Por qué no lo intentan? ¿Qué proponen para el supuesto cambio? ¿Están conscientes de que el pueblo ecuatoriano optó por este modelo político? ¿Por qué lo desconocen? ¿No es eso antidemocrático en toda su dimensión?