Las locas aventuras de “Chucky Seven”

10 de septiembre de 2011 - 00:00

Chucky, el muñeco diabólico poseído por el alma del  asesino en serie Charles Lee Ray, fue creado en un guión de cine por Don Mancini para agregarle una dosis terror a las salas de cine. Hoy está de regreso con el nombre de “Chucky Seven” y se ha introducido en el alma de dos abogados guayaquileños. Uno fue ángel de la guarda de millones de dólares desaparecidos en los paraísos fiscales del Caribe, y formaban parte de un fideicomiso conformado por el banquero guayaquileño Fernando Aspiazu Seminario.

El otro es un personaje que, haciendo honor al oficio, siempre está con Dios y con el diablo. De ahí que las afirmaciones de los jurisconsultos son escandalosas, sobre todo por el analfabetismo informático del que hacen gala y la precipitación mediática  para sacar conclusiones en torno al peritaje realizado en el disco duro de la máquina del Juzgado 15º de Garantías Penales, utilizada por el juez temporal Juan Paredes. Según el informe, el archivo de la sentencia llegó a ese ordenador a través de un medio externo (pendrive, CD o disco duro externo) y fue redactado en una máquina que usa una versión sin licencia del sistema operativo de Windows denominada “Chucky Seven”.

Los muñecos eran conocidos en Estados Unidos como “Good Guys” (buenos muchachos) y dieron origen a la película a la que nos hemos referido, llamada originalmente en inglés “Child’s Play”, y en español “Chucky, el muñeco diabólico”, que trata de vengar su muerte y se apoya en la complicidad y confidencialidad de otro. Nuestros “Good Guys” criollos actúan como si en verdad estuvieran poseídos por el alma del muñeco diabólico  y tratan de sustentar la teoría de la intervención de un personaje  que habría redactado el fallo que condena al prófugo ex editor de opinión y a los propietarios de diario El Universo a tres años de prisión y al pago de una millonaria indemnización. El estado febril en el que se encuentran los ha llevado a tratar de allanar el domicilio del juez y, a través de un anuncio en la página 4 del diario que defienden, pedir información sobre “Chucky Seven” garantizando la reserva a los informantes.