La “pluritolerancia” del Alcalde de la ciudad de Guayaquil

18 de febrero de 2012 - 00:00

Lo dijo de la manera más frontal y sincera: “Soy tolerante y pluralista”. Lo hizo a través de las emisoras de su ciudad. El tono fue el de un hombre convencido, asumido en su rol y hasta con una alegría insospechada.

Con sus palabras (sin sacarle de contexto, como ocurre en otros medios) podrían muchos ciudadanos de esta ciudad conversar con él, dialogar sobre los problemas de la urbe, asumir una participación ciudadana efectiva y afrontar colectivamente la solución de muchos problemas y retos.

Dice que si se hacen monumentos a gays, lesbianas, al mismísimo “Che” Guevara y a Ricky Martin, no tiene ningún problema. Al contrario, lo aplaude y facilita, como autoridad de la ciudad.

Los periodistas que lo entrevistaron se quedaron callados y absorbieron sus ideas con una impasibilidad asombrosa. El silencio y la ausencia de repreguntas los retrata (¿o los condena?).

Si acogemos sus palabras al pie de la letra y desde su condición de alcalde asume la tolerancia y el pluralismo (político, ideológico, cultural), ¿no sería válido que discuta en vez de que sus seguidores golpeen e insulten? ¿No es más “pluritolerante” asumir el debate sobre dónde colocar monumentos y eregir estatuas? Nadie ha dicho que no se coloque la del ex presidente Febres-Cordero. Lo planteado es que ahí donde se quiere colocar no está avalado por la ley.

Si con los años se abandonan los ímpetus y las arrogancias, si la madurez convoca a la prudencia y a la tolerancia, no estaría mal que el Alcalde de la ciudad de Guayaquil haga de esta polémica una oportunidad para consolidar en su espacio una reflexión: los guayaquileños son muchos y diversos, de distintas clases sociales y de disímiles puntos de vista. No todos los guayaquileños coinciden con el Alcalde, pero no por eso dejan de ser de esta tierra. Y por tanto, el espacio de mayor tolerancia es el del diálogo abierto y frontal.

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