La noble profesión de enseñar a otros

13 de abril de 2011 - 00:00

Por primera vez en  largo tiempo, el maestro ecuatoriano tiene una buena razón para celebrar. Durante los últimos años, muchos de ellos desempeñaron   funciones sin poseer un título académico y hoy se esfuerzan por asistir a la universidad y obtener ese requisito fundamental para poder enseñar en una escuela o colegio público del país.

Quienes ya lo tienen continúan incrementando sus conocimientos y sus ingresos por la categorización, de acuerdo al perfeccionamiento docente,  a través de los constantes programas de actualización que llevan adelante las autoridades de Educación, lo que les permite  compartir sus conocimientos con nuestros hijos. No olvidemos que el título académico, en cualquiera que fuera la rama del conocimiento, no le otorga a nadie el privilegio de ser considerado  educador, pues   ser maestro implica tener la solvencia y   conocimientos para transmitirlos a otros, además de  la vocación, métodos y didáctica.

De ahí que el oficio de profesor no debe ser entendido ni considerado como un  trabajo más por el que   una persona opta para recibir a cambio un salario -en la mejor definición de un obrero-, sino que tiene  la noble intención de educar   para  contribuir al desarrollo integral del país.

Este exitoso proceso de realizaciones en el magisterio ha tenido resistencia en  sectores del gremio históricamente politizados, cuyas acciones extremas  han estado orientadas a boicotear las políticas y cambios generados en  el Estado nacional. La defensa del magisterio no ha sido más que una herramienta pensada como fuerza de choque para defender otros intereses, o para perpetuar las cuotas de poder adquiridas a lo largo de los años.

La manipulación política  ha permitido  que la sociedad ecuatoriana vea el trabajo de los docentes como  labores de segundo nivel, a las que aspiran  solamente aquellos que no logran encontrar sustento en otras actividades.

Por ello,  al celebrarse hoy el Día del Maestro ecuatoriano, esa visión equivocada empieza a desaparecer. Un docente que se inicia en la  profesión  cuenta  con un salario que le permite vivir y mantener a su familia con dignidad, y tiene otra visión sobre su futuro y crecimiento profesional, de acuerdo a  su capacidad.