La justicia necesita un baño de verdad

15 de julio de 2011 - 00:00

El desprestigio y el caos que manchan a la Función Judicial del país precipitaron su disolución. Los resultados del referendo y consulta popular del pasado 7 de mayo, una vez publicados en el Registro Oficial, deberían permitir la colocación de una placa de la infamia en uno de los lugares emblemáticos del país para que nunca más se utilice el poder concedido por el pueblo para manipular a la justicia como retribución a deudas y favores políticos.  Los sectores sociales, que fueron víctimas de la lenidad de los jueces, requieren  profesionales probos, capaces de transformar el sistema judicial, y no de “sepulcros blanqueados” que solo se molestaban en hablar a través de  providencias amañadas y muy bien pagadas.

Esta forma de sicariato judicial la utilizaron con eficiencia para sacar de la cárcel a delincuentes de largo historial y meter a quienes fueron falsamente acusados.

La reestructuración del sistema de justicia debe incluir los instrumentos que permitan luchar contra la corrupción y revisar los factores que inciden en los excesos, la violación de los derechos humano, y los rezagos del autoritarismo de caciques y caudillos de la vieja partidocracia.

El contenido ético del cambio también nos permitirá reflexionar sobre los actos humanos individuales y sociales de un Estado azotado históricamente por visiones inconexas.

Para frenar el saqueo de recursos públicos y limpiar las bodegas en las que se almacena el prontuario de unos y la inocencia de otros, la Administración de Justicia requiere, en forma urgente,   la participación popular. Solo de esta manera se acabará con el  caos debidamente organizado que ha servido de facilitador, sobre todo en la multiplicación del  delito de cuello blanco.

La corrupción en la aplicación de justicia no es un problema académico que debe resolverse con una reforma judicial. Una vez derrocado el organismo de marras, la Asamblea Nacional y el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social deben designar con prisa a sus delegados en la Comisión Tripartita, para que empiece el baño de verdad que todos esperamos. Necesitamos saber cómo administraron nuestras pequeñas equivocaciones frente a los grandes males que se cotizaban con más de cinco ceros.