¿La independencia de poderes es un tópico o un mito?

20 de abril de 2012 - 00:00

Inmediatamente un legislador socialdemócrata saltó a la cancha del escándalo: pidió la renuncia del presidente de la Asamblea Nacional. Y él mismo se olvida de que cuando su partido fue Gobierno, su mayoría en el Congreso hacía lo que su líder disponía, sin chistar. Todo porque en un “cruce” de opiniones no coinciden los titulares del Legislativo y del Ejecutivo.

La independencia real, efectiva, sólida y práctica no está en que cada poder del Estado haga por su cuenta lo que a bien tenga. Al contrario, aunque haya diferencias de opinión o de enfoque, las dos entidades fundamentales de la gestión pública están supeditadas a la Constitución, y en ella se fijan las obligaciones de cada una. Sin embargo, eso no constituye ningún motivo para colocarlas frente a frente sino en conjunto, para trabajar a favor de la gente.

Si el Presidente de la República demanda de los asambleístas reducir los exhortos, también a la Asamblea habría que pedir que bajen los pedidos de información que muchas veces terminan en nada y, aparentemente, sirven para el chantaje político, el exhibicionismo mediático y para nada se compara con la fiscalización.

Lo que no contemplan los opositores, como ese legislador socialdemócrata altisonante, es que los titulares de las dos funciones son militantes de un mismo movimiento político. Así como lo eran en su momento Andrés Vallejo y Rodrigo Borja, pero ahí no se hablaba de la independencia de poderes, y mucho menos de sometimiento alguno. La democracia garantiza y permite que una fuerza política ocupe las dos funciones políticas de un Estado, en el marco “liberal” que defiende el legislador socialdemócrata.

En lo que no cabe duda es que la Asamblea debe cumplir responsablemente y dentro de la ley con sus obligaciones, entre ellas la de fiscalizar. Así como la del Ejecutivo es gobernar con eficiencia.