La FIL crece en autores, visitas y espectáculos

- 11 de septiembre de 2018 - 00:00

Al escritor y publicista guayaquileño Andrés Emilio León le sorprendió la cantidad de personas que fueron el domingo a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil (FIL). “Pensé que no iba a venir tanta gente por el Clásico del Astillero”, le comentó a una reportera de este diario. La organización esperaba 28.000 visitas este año. Al final, fueron 30.000 las personas que ingresaron al Centro de Convenciones para participar en las distintas actividades y para ver los títulos que ofrecían editoriales y librerías de todo tipo, como El Fakir, el Centro de Publicaciones de la PUCE, Mr. Books, Livraria o Lobo Lunar.

Uno de los aciertos de la feria es la gestión de sus invitados. Aunque en ediciones anteriores se lo logró con visitantes que parecen difíciles de superar (en 2017 vino el Princesa de Asturias Leonardo Padura y en 2016, el Nobel J. M. Coetzee), cada año, la organización genera expectativa con sus carteles.

En esta edición la sensación fue, sin duda, la visita del argentino Ricardo Liniers y el ecuatoriano-chileno Alberto Montt, quienes empezaron en 2014 con su show Los Ilustres, un stand up ilustrado que el sábado atrajo a tantos espectadores que muchos tuvieron que sentarse en el piso. Aunque no son precisamente escritores, sí son lectores voraces que no se cansan de alimentar sus viñetas con los autores a los que leen.

El cartel incluyó autores que marcan los ritmos de las letras de hoy, como la argentina Ariana Harwicz, autora de la brutal La débil mental; el mexicano Julián Herbert, narrador de la cotidianidad en medio de la violencia del narco, o el colombiano Giusepe Caputo, el director de la FIL de Bogotá.

Pero la FIL también es testigo del crecimiento de otros proyectos, como se evidenció con el doble estand que ocupó este año la editorial El Fakir, que acoge en su espacio a la Asociación de Editores Independientes del Ecuador.

La Feria del Libro supera sus números cada año, un golpe fuerte a ese prejuicio de que a los guayaquileños no les interesa la lectura. ¿Lo mejor? Demuestra que un esfuerzo literario puede ser una fuente de turismo. (O)