La dimensión de la injuria y la mentira

24 de diciembre de 2011 - 00:00

Los puntos de venta de periódicos  exhibieron ayer, sin decoro, las portadas de los medios privados de comunicación con la más enérgica protesta por la sentencia emitida  contra Jaime Mantilla Anderson, director del diario Hoy, derivada de la demanda por injurias calumniosas, interpuesta por Pedro Delgado, ex presidente del Fideicomiso AGD-No Más Impunidad.

El juez que analizó la querella determinó el pasado miércoles que el dueño del diario capitalino debía purgar una pena de tres meses de prisión y pagar $ 25 de multa como representante jurídico del rotativo que, durante más de un año, publicó no menos de seis reportajes injuriosos contra  el supuesto   primo del Presidente de la República.

Esta secuencia periodística tuvo un sesgo  perverso ante la opinión pública, para hacer creer que, en este Gobierno, un funcionario hace y deshace  por sus vínculos familiares con el Mandatario. Una vez lanzados los dardos de la infamia y la calumnia, la ética de este oficio recomienda  comprobar  la veracidad de lo que se afirma, asunto que el dueño del diario  no pudo ratificar, pues sus notas tenían aseveraciones forzadas y conclusiones sin base legal; es decir, muchas conjeturas y muy  pocas evidencias.

A quienes  viven del espectáculo mediático debe haberles decepcionado  la actitud noble de Pedro Delgado cuando informó que  desistía de seguir el proceso contra el comunicador, pero  le sugirió
que utilice el privilegio de estar en contacto permanente  con la sociedad, para que  la verdad sea la única y  principal  herramienta en el noble  trabajo de informar.

Este no es el primer caso, y quizá no sea el último, en el que un funcionario de alto nivel  perdona  a su calumniador para  evitar más dolor a sus familiares. Ya es hora de que indultados y comunicadores comprometidos con la difamación  dejen a un lado  la prepotencia y la soberbia para   escuchar sin prejuicio a quienes deliberadamente  han perjudicado al poner en duda su reputación, sin considerar que sus familias también resultan afectadas.