La insensatez también se mete en las guerras

- 12 de enero de 2020 - 00:00

Cuántas veces se ha oído aquella frase que dice “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” o que “la estupidez es una condición exclusiva de los humanos”. Hoy más que nunca constatamos esas premisas y vemos absortos cómo la humanidad se autodestruye sin medir las consecuencias; un ejemplo de esto es lo que ocurrió esta semana cuando un avión comercial ucraniano, con 176 pasajeros, fue derribado por Irán, sin que ninguna persona haya logrado sobrevivir.

La tragedia ocurrió cerca del aeropuerto de Teherán y de acuerdo con algunos indicios, la aeronave fue alcanzada por un misil tierra-aire que fue lanzado por Irán. Las Fuerzas Armadas de este país reconocieron que derribaron el avión “involuntariamente y por un error humano”. Esto ocurrió en medio de la guerra no declarada entre Irán y los Estados Unidos y tras la muerte del líder militar islámico Qasem Soleimani, en una operación ordenada y asumida por el mandatario estadounidense Donald Trump.

La atención del mundo se centró en Irán y en los Estados Unidos. La mayoría de pronósticos fueron apocalípticos; se comentaba sobre la posibilidad del inicio de una tercera guerra mundial; algo que hasta las últimas horas no había ocurrido, principalmente porque el tono de las mutuas amenazas disminuyó, aunque las amenazas de venganza del lado iraní continúan.

Lo que muy pocos calcularon es que la estupidez de la guerra se haya dirigido a disparar contra un avión civil. Podía ser prematura la conclusión de acusar a uno de los dos países en conflicto, pero eso no quita que se trató de un acto cobarde y absurdo, que Teherán negó dos veces que ellos derribaron el avión.

Se podrán argumentar razones de “error humano”, pero eso no va a devolver la vida a los más de 176 pasajeros canadienses, ucranianos, iraníes y de otros países que viajaban en un avión comercial que nada tenía que ver con el conflicto bélico. Un error no puede justificar la estupidez humana y los responsables deben ser señalados y condenados por la humanidad. (O)

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