La Iglesia destruyó archivos de los abusos sexuales

- 24 de febrero de 2019 - 00:00

La Iglesia siempre ha permanecido impoluta más allá del bien y el mal. A lo largo de la historia ha estado más cerca al poder que a los fieles; y sus problemas y escándalos han sido escondidos por la alta jerarquia del Vaticano. Pero sus pecados, como dirían los católicos, llegaron a su clímax por miles de denuncias de abusos sexuales de sacerdotes a niños y jóvenes en todo el mundo: Irlanda, Holanda, Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Ecuador, Chile, Bolivia, entre otros.

Esos crímenes obligaron al papa Francisco a convocar a una cumbre para tratar ese escabroso tema. Desde el jueves pasado hasta hoy, en la capital italiana, la cúpula y sus representantes eclesiásticos discuten por primera vez las medidas para enfrentar los casos de pederastia y trazan el camino para evitar que se repitan.

En estos días el clero se desnuda asimismo y reconoce que la Iglesia ocultó la verdad, desacreditó a los denunciantes y minimizó esos casos. Pero, además, destruyó documentos, pruebas y archivos para proteger el nombre de los responsables y evitar sanciones.

A eso se suman los largos procedimientos administrativos para investigar los abusos sexuales, que no son transparentes ni permiten violar el secreto pontificio. ¿Por qué? Eso sería riesgoso y arruinaría la reputación de sacerdotes inocentes o del sacerdocio y de la Iglesia, a través de falsas acusaciones, si estos se hacen públicos, dijo el cardenal alemán Reinhard Marx, quien asiste al encuentro.

En la cita los obispos han escuchado los dramáticos testimonios de las víctimas, entre ellas, está un ecuatoriano: Juan Baya, quien fue abusado sexualmente por el exsacerdote Luis Fernando Intriago. La Fiscalía tiene dos denuncias en su contra: la una por abuso sexual, la otra por tortura.

Mientras esa reunión se desarrollaba, llegaron cinco nuevos casos de abusos sexuales a la Congregación de la Doctrina de la Fe en el Vaticano, encargada de investigar, dice la revista italiana L’Epresso. Durante el papado de Bergoglio, que empezó en marzo de 2013 hasta el 31 diciembre de 2018, hubo más de 2.200 denuncias contra obispos en el mundo, es decir, un promedio de 1,2 nuevos casos al día. (O)