El gato de Julian Assange es el otro huésped de la embajada

- 28 de octubre de 2018 - 00:00

Se llama James y tiene una cuenta de Twitter (@Embassycat). Pero no es una persona, sino un gato. La mascota vive de la fama de su propietario, Julian Assange, y ambos están asilados en la embajada de Ecuador en Londres. El primero llegó a la sede diplomática en junio de 2012, el segundo en mayo del 2016 y fue un regalo de los hijos del fundador de WikiLeaks. Assange, que se convirtió en un huésped incómodo y en un problema heredado del gobierno del expresidente Rafael Correa, tendrá que ocuparse más de su felino. Eso establece un reglamento elaborado por la Cancillería que el programador australiano deberá seguir si quiere permanecer en la embajada y conservar su gato. La información sobre estas normas de convivencia fueron publicadas por el periódico inglés The Guardian y por el sitio web local Código Vidrio. ¿Por qué apostar a un protocolo de visitas y comunicaciones? Estos seis años de estadía, pagada con los impuestos de los ecuatorianos, no han resultado fáciles para el personal diplomático. La embajada no es grande y Assange se “apropió” de ese espacio, según una autoridad que describió cómo viven desde que él se instaló allí. Assange no cuida a su gato ni limpia su baño y recibe demasiadas visitas. Por ejemplo, tuvo 62 durante los últimos seis meses de este año.

Además utilizó sus redes sociales para criticar a otros estados que tienen buenas relaciones con Ecuador, como Reino Unido y España. En mayo de 2017, el presidente Lenin Moreno pidió al australiano no expresar públicamente su apoyo a la independencia de Cataluña porque escribió en su cuenta de Twitter:  “Madrid es culpable de represión”.  El 28 de marzo de 2018, el Gobierno ecuatoriano suspendió los sistemas que le permitían a Assange comunicarse con el exterior porque incumplió con su compromiso de no emitir mensajes que supusieran una injerencia en otros estados. La relación entre el ciberactivista, como lo llaman, y el Gobierno ecuatoriano decayó y él planteó una acción de protección contra el Estado que le protegió y pagó su alimentación, lavado de ropa, médicos y hasta la comida de su gato. (O)