Los propósitos de fin de año los logramos nosotros mismos

- 30 de diciembre de 2019 - 00:00

Comer una uva al son de cada campanada de la medianoche del 31 de diciembre; correr alrededor de la cuadra con una maleta; vestir prendas amarillas el último día del año... son algunas de las cábalas que utiliza la gente para atraer la suerte a sus vidas en los siguientes 12 meses.

Otra tradición arraigada es la de establecer propósitos que las personas aseguran que cumplirán en el nuevo año. Entre las apuestas más populares que hacemos con nosotros mismos están el reducir de peso, cambiar nuestro trabajo por uno mejor o corregir algún mal hábito o defecto de nuestro carácter.

Al final del siguiente año, sin embargo, muy pocos son los que pueden presumir de haber cumplido con al menos uno de los propósitos hechos en medio de la euforia de los festejos.

Gran parte de la responsabilidad de dichos incumplimientos tiene su origen en el hecho de confiar en las cábalas o en los golpes de suerte para que nuestra vida cambie. Esperamos que los deseos dichos para nosotros mismos mientras comemos las uvas se cumplan porque sí; esperamos ganarnos la lotería para tener más dinero y algunos, incluso, quieren ganársela sin comprarla; queremos que la carrera con la maleta nos transporte mágicamente a algún lugar exótico.

En definitiva, esperamos milagros, sin comprender que las cosas llegan a nosotros cuando hacemos algo para alcanzarlas. Y esto aplica tanto para nuestra vida personal como para nuestra vivencia como ciudadanos.

En cada actividad hay detalles aparentemente pequeños que nos cuesta ejecutar, pero que, de hacerlo, modificarían radicalmente nuestra existencia y la de nuestros vecinos y conciudadanos.

Aquello va desde actos aparentemente simples, como respetar los horarios de recolección de basura o no ocupar los asientos y lugares de estacionamiento para integrantes de grupos vulnerables; hasta hechos de mayor trascendencia social, como no dar ni recibir coimas o cumplir las normas de tránsito.

Cumplir con nuestros propósitos está en nuestras manos. (O)

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