Experiencias positivas de seguridad en América Latina

03 de diciembre de 2020 00:00

Inseguridad. Ayer, la policía atrapó a la pareja que asaltada y robaba en Quito y sometía a los clientes con amenazas de un arma. También en la capital se reunió el Comité de Seguridad para evaluar y crear estrategias contra el delito y la violencia, que tendrá cinco mesas técnicas con la participarán diferentes instituciones involucradas de la seguridad.

Pero ¿qué experiencias exitosas hay en América Latina sobre el tema? Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Aguascalientes, México, la petrolera nacional PEMEX instaló un oleoducto en media ciudad. Eso se convirtió en la zona más olvidada y con altos índices de violencia ocasionada por las pandillas y el tráfico de drogas.

La primera autoridad local se planteó reconstruir el tejido social, mientras otros pensaban en armar a los ciudadanos y aumentar el número de policías.

De esa manera nació Línea Verde, un parque único, de 15 km y 50 hectáreas, de transformación urbana y social, que se hizo con la participación de los vecinos del lugar. Este proyecto, que fue inaugurado en 2013 y que costó $ 40 millones, consiguió mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ayudó a disminuir los índices delincuenciales en 42%.

Según el organismo internacional, en la región 11.000 personas mueren al mes a causa de la violencia y el homicidio es la causa principal de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.

La combinación del crimen y la violencia tiene un costo económico que representa al 3,5% del PIB anual de América Latina, dice el BID. Esto es igual a la inversión anual de la región en infraestructura.

Recomienda que los esfuerzos para luchar contra la violencia sean locales, centrados en los ciudadanos, que son corresponsales y deben apropiarse de ese tema, no armarse.

Los gobiernos locales y los alcaldes son parte fundamental de la lucha contra la delincuencia, pues conocen las amenazas y a los vecinos de los barrios.

Otro ejemplo: Medellín, que devolvió la tranquilidad a sus residentes después de quedar devastada por la guerra del narcotráfico, apostó a la iluminación pública, las bibliotecas, las canchas de fútbol y los parques para mejorar la inclusión social y convivencia entre los ciudadanos.

El epílogo de estas experiencias es que para vivir en paz y sin miedo a salir por los asaltos, es necesario transformar los entornos de violencia.

 

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