El fantasma de Osama Bin Laden

03 de mayo de 2011 - 00:00

La noticia de la muerte de Osama Bin Laden, líder de la agrupación Al Qaeda, a   quien Estados Unidos acusó de ser  el  mentalizador de la serie de  atentados terroristas ocurridos  el 11 de septiembre de 2001, que incluyeron los dos aviones  estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York, la caída de otra aeronave en el Pentágono, en Washington, y  una cuarta  que se precipitó en un campo abierto en Shanksville, en el estado de Pensilvania.

El número  de víctimas mortales después de esa jornada -el peor ataque que ha sufrido el país más poderoso de la Tierra  en su historia- alcanzó la escalofriante cifra de 2.973 personas, según datos oficiales.

Desde aquel día, Bin Laden se convirtió en la cabeza que necesitaba el FBI en su bandeja para mostrarla al mundo occidental. Y es lo que ha ocurrido desde el punto de vista político: el asesinato del líder de la red Al Qaeda también es un golpe de suerte para la administración de Barack Obama, que ha tenido varios reveses en las medidas gubernamentales  desde que llegó a la Casa Blanca. Este golpe de suerte o plan de la CIA  lava -por el momento- la imagen vapuleada del ex presidente George W. Bush, quien emprendió la cacería   del líder musulmán, pero con costos demasiado altos, como la de sumir a toda una nación en la paranoia colectiva y  haber iniciado invasiones militares en lejanos países.

Su deceso llena de optimismo a los líderes mundiales de Occidente al considerar que “se ha dado de baja” al terrorista más peligroso y más buscado del orbe. Sin embargo, esos mismos mandatarios aceptan la posibilidad de que su muerte   podría acarrear la ira de una disminuida -pero no menos peligrosa- organización como Al Qaeda.

Los gobernantes de los países que han participado en los últimos años en la búsqueda de los grupos terroristas deberán estar atentos ante posibles represalias, pero -sobre todo- deberán tranquilizar a sus habitantes y evitar caer nuevamente en escenarios de temor a un fantasma global sumamente peligroso.