El desarrollo integral, la clave de la seguridad fronteriza

- 17 de junio de 2018 - 00:00

Dentro de diez días se cumplirán cinco meses del primer atentado terrorista que sufrió el país a manos de un disidente de las FARC que estaba en el anonimato y que, con la explosión del coche bomba a un destacamento policial en San Lorenzo, Esmeraldas, el 27 de enero, se convirtió en uno de los delincuentes más buscados tanto de Ecuador como de Colombia.

Desde ese hecho se suscitaron otros que la sociedad sigue repudiando, como la muerte de los militares en Mataje, el secuestro y posterior asesinato del equipo periodístico de diario El Comercio y el secuestro de Óscar y Katty, que han pasado poco más de dos meses en cautiverio.

Ecuador -país inexperto en estos temas que a Colombia le costaron miles de muertos y desaparecidos en cinco décadas- ha ejecutado acciones para demostrar que el Gobierno no dará su brazo a torcer ante la vulneración de nuestra frontera norte.

Las exigencias de justicia para castigar a los criminales que le arrebataron la vida al suboficial Luis Mosquera Borja, al cabo segundo Jairon Sandoval Bajaña, al marinero Sergio Elaje Cedeño, al cabo Wilmer Álvarez Pimentel; al fotógrafo Paúl Rivas, al periodista Javier Ortega y al conductor Efraín Segarra, no han cesado. Tampoco la exigencia de los familiares de Óscar Villacís y Katty Velasco de que estos sean recuperados con vida se ha detenido.

El Gobierno, en su afán de poner fin a este tipo de delitos, blindó su frontera con militares y policías en una acción conjunta que se reafirma con una política de defensa, seguridad y desarrollo fronterizo vía decreto ejecutivo. Entre sus objetivos prioritarios está el de incrementar los mecanismo de control para contrarrestar las actividades económicas y financieras ilegales, el control en territorio, el ordenamiento del espacio terrestre, acuático y aéreo; la protección a la población y la garantía del ejercicio de sus derechos; es decir un desarrollo integral.

Esta labor demandará mucho tiempo e inversión, pero es necesario para no llorar a más víctimas de la violencia que ocasiona el narcoterrorismo. (O)