El conteo regresivo ha comenzado en Perú

12 de abril de 2011 - 00:00

Ayer en la mañana se enteraron nuestros vecinos quiénes serán los dos candidatos que competirán en segunda vuelta por llegar a la casa de Pizarro, como se conoce al Palacio Presidencial de Perú.

El nacionalista Ollanta Humala y la congresista Keiko Fujimori comenzaron  una nueva etapa de campaña con miras a convencer al electorado de que su propuesta es la mejor. Ambos candidatos reconocen que deberán acercarse -de aquí hasta el 5 de junio, fecha de la segunda vuelta- aún más hacia “los sectores de centro” para contrarrestar las campañas de desprestigio que primaron en el camino hacia la primera vuelta.

Esa misma estrategia de descrédito sirvió para que el ex presidente Alejandro Toledo se haya quedado sin oportunidades de seguir en la brega. Su caída vertiginosa será una de las lecciones de este proceso electoral, al demostrarse que la estrategia del miedo jamás será una buena opción para los candidatos presidenciales.

El ex mandatario pasó las últimas tres semanas de campaña “mostrando” lo perjudicial que sería que un candidato como Humala llegue a ser Jefe de Estado porque “Perú no puede convertirse ni en Venezuela, Ecuador o Bolivia”.
Más allá de lo insultante que puede resultar para nuestro país, estas declaraciones significaron su debacle electoral al dejar a un lado las propuestas para  dedicarse a vilipendiar a sus contendientes.

Una situación similar ocurrió con Luis Castañeda, ex alcalde de Lima,  quien se enfrascó   en una disputa estéril con Toledo, que fue minando la aceptación que tenía entre los electores al principio de la campaña y llegaba al 35%.

Ollanta y Fujimori tienen ahora el camino despejado para intentar llegar a los escépticos. Cada una de sus declaraciones, por más triviales que parezcan,  serán analizadas por el electorado que mira a este proceso  de una manera singular. Ambos candidatos deberán comprender que no existe mejor arma que las propuestas posibles, como una forma de respeto hacia la población, y no la estrategia de destruir la imagen de su competidor.