El asilo otorgado por el presidente Ricardo Martinelli

20 de febrero de 2012 - 00:00

Está en su derecho, obvio. Y lo hace desde una condición soberana y hasta política, sin ninguna duda. Pero el presidente panameño Ricardo Martinelli sabe que con ello marca una postura con el Ecuador y desde ella debe administrar la relación política, a pesar de que él mismo se ha declarado (con términos fuertes, duros y frontales) contra el “abuso” de la prensa de su país.

De lo que se sabe hasta ahora, esa solicitud de asilo se la trabajó desde el año pasado. Incluso se mencionan otros países: República Dominicana, México, España. Es posible. Y se lo hizo bajo una premisa personal, seguramente dolorosa, pero lastimosamente desde una condición política aupada por una corriente de opinión (opositora) necesitada de mártires y víctimas para justificar su teoría de la presencia de un totalitarismo o dictadura, como ahora venden la imagen en el exterior y ante otra opinión pública que no dice nada de la condena al juez Baltasar Garzón, por ejemplo, así sin más.

Martinelli tendrá ahora que sostener su discurso y solventar su decisión frente a su propia prensa, a la que nada le pesa cuando de evadir la realidad panameña se trata.

Por ahora se sienta un mal precedente. Ubica un problema judicial que pudo evitarse como un conflicto político inexistente. Quien solicitó el asilo sabe que no corre peligro, que ha tenido todas las garantías para su vida y ejercicio profesional y hasta para su defensa legal. Al solicitar el asilo evade a la justicia, a la que sólo tuvo que acudir para rectificar en nombre de su empresa por el error cometido por uno de sus empleados. No lo hizo porque daba por hecho que en la tradición ecuatoriana a la prensa no se la sanciona y que la impunidad es su baluarte.

Ahora ese asilo será plataforma política de aquellos candidatos en ciernes que no tienen otra bandera que ofrecer al pueblo ecuatoriano.