El arte macabro de la desestabilización

20 de mayo de 2011 - 00:00

La revista Semana, de Colombia, publicó en su edición correspondiente al 8 de mayo,  sección “Confidenciales”, que el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), del Reino Unido, pondría a la venta las copias de los discos duros de la computadora de Raúl Reyes, por apenas cincuenta dólares.

El 23 de abril ya lo había anunciado El Nuevo Herald de Miami, destacando que los controversiales documentos del abatido líder guerrillero eran una pieza clave para descifrar los presuntos vínculos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con Venezuela y Ecuador.

Las aseveraciones coinciden con un cable de WikiLeaks, en el que se menciona que el presidente Rafael Correa tuvo contacto con la guerrilla.

Estos rumores se fundamentaban, aparentemente, en la experiencia y seriedad del IISS en asuntos internacionales, sobre todo en temas de disuasión nuclear y control de armamento para  la inteligencia británica y de los Estados Unidos.

¿Pero quién se hará cargo del impacto que todo este bagaje de presunciones ha caído sobre Ecuador y su Mandatario?

Nada se ha dicho; sin embargo, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de Colombia determinó ayer que el contenido que se está mercadeando, y al que nos referimos, fue obtenido de manera ilícita, por lo que no tiene validez jurídica. De acuerdo al pronunciamiento, los documentos  no deben ser tomados en cuenta, pues la recuperación del recurso informático, entre otras pruebas, no contó con la debida cadena de custodia.

Este macabro arte de desestabilización política infringió un grave daño a la integridad de funcionarios públicos y líderes regionales, a quienes se los vinculó con las FARC.

El  21 de marzo, el presidente Barack Obama pronunció un discurso  en el Centro Cultural del Palacio de la Moneda, en Santiago de Chile, sobre el profundo interés  por esta parte del continente: “América Latina es una región en movimiento y, como nunca antes, se ha hecho más importante para la seguridad y la prosperidad de EE.UU.”. Su preocupación ha sido digna de elogio, pero ya no genera curiosidad.