El equipo que nos conquistó por la belleza de su fútbol

- 15 de junio de 2019 - 00:00

La meta que parecía una utopía antes del Campeonato Mundial de Fútbol Sub-20 de Polonia estuvo muy cerca de ser una hermosa realidad. La selección nacional generó en los ecuatorianos una mezcla de emociones que no se vivieron nunca antes en un solo torneo.

El equipo comandado por el DT argentino Jorge Célico pasó de estar al borde de la eliminación a ser uno de los principales candidatos para conquistar el cetro mundial. Y su promesa de ganar el certamen, que al principio fue tomada solo como una invitación al optimismo, tomó fuerza.

Unos creyeron, otros soñaron y a otros les pareció imposible porque los sitiales más altos del fútbol normalmente son privilegios de grandes potencias. Pero el equipo de Ramírez, Mina, Espinoza, Vallecilla, Porozo, Palacios, Castillo y Alcívar invitó a soñar y unir a creyentes e incrédulos en los enfrentamientos ante Uruguay, Estados Unidos y Corea.

Cada demostración de Loor, Castillo, Quintero, Cifuentes, Arce, Plaza, Plata, Alvarado, Campana, Segura y Estupiñán invitó a soñar y pensar en grande, como nunca. Por si fuera poco, un ciclista carchense que escalaba montañas italianas rumbo a lo máximo del podio en la misma época que se disputaba el Mundial animó a todos a sumarse. Richard Carapaz convenció con palabras de motivación y su logro, como hizo en su momento Jefferson Pérez, que los deportistas ecuatorianos podían ir más allá de los límites históricos.

Y pese a la desilusión que generó la eliminación ante Corea en las semifinales, los ecuatorianos se mostraron orgullosos por el sello que dejó marcado el equipo en tierras polacas. La belleza de su fútbol y la valentía de la propuesta conquistaron a los aficionados de otros países que se transformaron en hinchas de la monarca sudamericana.

Ecuador se metió en la historia del fútbol juvenil, no solo por el podio mundial que obtuvo al tomarse la revancha contra Italia, sino también por las sensaciones que generaron sus gambetas, desbordes, paredes, goles y el carácter para afrontar cada uno de los partidos, sin importar si al frente estaba Japón, Italia, México, Uruguay, EE.UU. o Corea. (O)