El asesinato de periodistas no debe quedar impune

- 30 de junio de 2018 - 00:00

Los cadáveres de los tres trabajadores del diario El Comercio regresaron al barrio de San Bartolo de Quito 93 días después de haber salido hacia Mataje, en la frontera con Colombia, donde fueron secuestrados y asesinados por una de las bandas criminales más salvajes que operan en el área.

Tras las ceremonias de velación, tanto en el diario como en la iglesia La Dolorosa del colegio San Gabriel, los cuerpos de Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega fueron sepultados, pero en la sociedad y en los medios de comunicación quedó instalado un sentimiento de enorme tristeza y, al mismo tiempo, de impotencia por la forma como actuaron los bandidos; también se aprecia un clamor para que se ejerza la justicia y se sepa toda la verdad sobre los hechos ocurridos.

Colombia vivirá en los próximos días un proceso de transmisión del mando presidencial y esa será una buena oportunidad para exigir que el país vecino continúe las investigaciones en torno a este asesinato y al plagio de otros dos compatriotas que fueron secuestrados en Mataje -o cerca de allí- y que hasta ahora no se conoce cuál es su situación. Hay un hecho concreto en toda esta historia: el abandono de la zona que los delincuentes usaban para el tráfico de drogas.

Las plantaciones de coca están ahí, en el lado colombiano, y ya se anunció desde Bogotá que las fumigaciones con glifosato serán reanudadas después de varios años de suspensión. Queda la duda de si esa sea la mejor forma de combate al narcotráfico, pero al menos es importante que exista la intención de acabar con las actividades ilícitas de procesamiento de cocaína.

El canciller José Valencia manifestó en una entrevista en Ecuador TV que existe la voluntad del Gobierno Nacional de estrechar las relaciones con el nuevo gobierno de Colombia, que estará presidido por Iván Duque. Valencia aclaró que los servicios de seguridad de los dos países trabajan de manera conjunta para investigar y aclarar el secuestro de los dos compatriotas que supuestamente permanecen cautivos por los mismos delincuentes que asesinaron a los colegas de El Comercio. (O)