Los derechos humanos deben ser para todos los ciudadanos

- 06 de febrero de 2020 - 00:00

No es de extrañarse que en nuestra sociedad los delincuentes, asesinos y violadores estén protegidos bajo el paraguas de los “derechos humanos”. Es el mismo tema controversial de siempre, se les protege la identidad y se les difumina el rostro, pues la Constitución establece la presunción de inocencia. Pero la indignación del pueblo es justificable, cuando un muchacho saca un arma y dispara a mansalva contra una mujer indefensa y le quita la vida.

Enseguida saltan en redes sociales los mensajes de por qué etiquetarlo como “venezolano” o “extranjero”, que eso crea xenofobia. No se trata de actos xenofóbicos, se trata de identificar al atacante y su procedencia. No es que algunos ecuatorianos en el exterior no hayan delinquido, existen casos, y las noticias trascienden como un “ecuatoriano”... Sin embargo, no por eso ha habido xenofobia contra todos los migrantes de Ecuador en el extranjero.

Los derechos humanos deben poner el sentir del pueblo y de las familias que pierden a uno (a) de sus integrantes en una balanza, debe haber coherencia, porque no solo el delincuente, el asesino, el violador, tienen derechos humanos; los tenemos todos los seres humanos, sin distinción.

Pero en un caso tan reciente como el de la ciudadana voluntaria asesinada en Quito, espeluzna ver la frialdad con que este individuo, en tierra ajena, quiso seguir con su actitud delictiva y al no obtener lo que quiso disparó su arma sin contemplación. Sí, esa contemplación que invocan cuando se ven tras las rejas, sentenciados e imploran piedad, lloran y dicen que tienen familia.

¿Piensan ellos en algún momento en las familias que quedan sumergidas en el dolor cuando les quitan de forma violenta a un ser querido? No, simplemente desfogan su rabia de la manera más vil. Entonces, aquellos que claman por los derechos humanos (no de las víctimas, sino de los victimarios) deben hacerse un análisis profundo, ponerse en los zapatos del que sufre, del que le quitan una parte de su vida. Los organismos de derechos humanos deben analizar cada caso y no salir como representantes de todos los antisociales. (O)

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