Dar es mucho más que recibir, pero...

25 de diciembre de 2011 - 00:00

El mundo cristiano celebra hoy la Navidad, el nacimiento de  Jesús, “hijo del carpintero y de la lavanderita”, como llamaba Pepe Gómez Izquierdo, el cura más humilde de la ciudad de Guayaquil, a este hecho  que nos recuerda permanentemente entre los seres humanos el milagro de la vida.

También solía decir que en esta fecha se enciende una llama en el corazón de los “olvidados de la tierra”, incluso en el de quienes proclaman el consumismo desaforado, con plena conciencia de que ser y tener son dos verbos y dos actitudes; el primero es muy difícil de conseguirlo si no hemos aprendido a entender lo que significa una persona; y el segundo es el que nos han enseñado a privilegiar por sobre todas las virtudes y tesoros éticos de la especie humana. De una u otra manera, todavía somos libres de elegir entre los valores inculcados, la costumbre de no pedir más de lo que necesitamos, y la filosofía de supermercado que va ganando adeptos.

No olvidemos que los mensajes lanzados con  el bombardeo mediático se acumulan en nuestro cerebro, y el delirio se confunde con la pasión de pertenencia a un grupo de elegidos que visten, comen o huelen de manera diferente. Es inocultable que los objetivos de nuestra existencia se han alterado y es importante que  tratemos de recuperar el ánimo generoso y austero que nos acompaña en esta celebración.

El simbolismo, desgraciadamente, está siendo sepultado por el discurso de los mercaderes que nos incita a adquirir más de lo que debemos y podemos, sin pensar en las consecuencias de las obligaciones de pago que constituyen volutas de gas letal introducidas en la burbuja que, en otras latitudes, ha explotado con daños irreparables.

Esta reflexión no es cicatera ni un ejercicio de extracción del soporte cristiano de la fiesta; solo prentende que asumamos nuestros compromisos con imaginación y sin sacrificar el hecho de dar antes que recibir, principios debilitados desde que nos convencieron que la felicidad es incompleta si no saturamos los centros comerciales.