Cuando cuestionar al poder resulta demasiado peligroso

- 27 de febrero de 2019 - 00:00

El periodista Jorge Ramos, nacido hace 60 años en México, conoce muy bien el papel cuestionador de un comunicador frente al poder. Ya le ocurrió en 2015 cuando se atrevió a cuestionar al entonces candidato presidencial Donald Trump por su propuesta de deportar a por lo menos 11 millones de extranjeros, la mayoría latinoamericanos, que residen ilegalmente en Estados Unidos.

La guardia personal de Trump lo sacó en medio de empujones del local de la conferencia. Ramos ha ganado varios premios Emmy, incluso el galardón García Márquez sobre periodismo. Con Fidel Castro tuvo un fuerte cruce de palabras, pero nada más. Lo más grave ocurrió el lunes mientras entrevistaba a Nicolás Maduro en la sede presidencial de Miraflores.

Habían transcurrido 17 minutos de una tensa entrevista, cuando decidió mostrar a su interlocutor un video en el que tres jóvenes sacaban comida de un camión recolector de basura y se quejaban de la situación que vive Venezuela. Ramos y su equipo de técnicos, sonidistas e iluminadores fueron conducidos hasta un pequeño local sin luz, donde permanecieron más de dos horas.

Todo el material grabado, sus teléfonos móviles y documentos personales fueron incautados, los videos y audios fueron borrados, no quedó huella alguna de la entrevista. Posteriormente llevaron al equipo periodístico hasta el hotel donde se hospedaban y al día siguiente (ayer) fueron trasladados en un carro de la embajada de México para ser deportados a EE.UU.

Venezuela vive en la actualidad sus horas más dramáticas desde que llegó al poder Hugo Chávez, en febrero de 1999. Tras la muerte del coronel bolivariano, en marzo de 2013, asumió el poder el que hasta ese entonces era canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, quien continuó con la misma política económica de Chávez, pero sin el liderazgo que llegó a tener el excoronel.

El periodista mexicano la pasó bastante mal, pero cumplió con una de las mayores premisas del periodismo: ser cuestionador, buscar siempre la verdad, por incómoda o peligrosa que resulte alcanzar. (O)