Condenamos la agresión a los periodistas de Ecuador TV

- 06 de julio de 2018 - 17:00

Desde épocas ancestrales se usaba la figura "matar al mensajero", porque era el que transmitía malas noticias y por eso había que eliminarlo sin la menor reflexión. Con el correr de los siglos esa práctica se desvaneció, pero a veces persiste la idea de que las malas noticias se conocen porque alguien las transmite.

El periodista o comunicador es quien lleva a la sociedad las buenas y las malas noticias, el que descubre escándalos como el caso Watergate o la corrupción de Odebrecht, el que arriesga su vida en zonas de guerra o de conflictos, en la frontera colombo-ecuatoriana, por ejemplo. Según el Comité para la Protección de los periodistas, en el mundo todos los años mueren en promedio 30 periodistas y en la mayoría de los casos los asesinos quedan impunes.

En un mundo peligroso y cambiante, el periodismo es una profesión de alto riesgo, especialmente cuando le toca enfrentar a la intolerancia, ya sea religiosa o política. Esto no falla, el fanático desahoga su furia y frustraciones contra el comunicador, el fotógrafo o el camarógrafo; como ocurrió la noche del jueves con dos trabajadores de Ecuador TV, un canal que pertenece a la empresa de Medios Públicos. Al igual que muchos ecuatorianos, Edwin Cobo y David Rosero, tienen familia, hijos pequeños. Los dos camarógrafos fueron agredidos por una turba mientras cubrían la marcha denominada "indígnate Ecuador", en el centro de Quito.

Una de las piedras dirigidas al cuerpo de uno de ellos, felizmente impactó en la cámara, que quedó parcialmente destrozada. Varios policías también resultaron heridos. EL TELÉGRAFO y EL TIEMPO, diarios públicos, se solidarizan con los camarógrafos y con los policías que lo único que hacían esa noche era cumplir con su trabajo. La intolerancia o la violencia no pueden instalarse otra vez en nuestra sociedad. El diálogo y el respeto a las ideas ajenas debe ser una práctica limpia, decente. Ecuador es un país de paz, las funciones del Estado deben trabajar con absoluta independencia porque nadie es dueño de la verdad. (I)