Choferes asesinos se rastrearán como a los más buscados

26 de abril de 2012 - 00:00

El accidente de Papallacta, el número 23 en doce años en esa autopista, nos irrita. No hay forma de aceptar tal crimen como un simple accidente. El dolor es enorme y la indignación mucho más fuerte. Basta ver cómo actúan los choferes en las carreteras para saber que son cuasi criminales. Si dentro de un bus alguien se acerca  al conductor para pedirle que reduzca la velocidad obtendrá como respuesta: “¡Coge taxi!”. Incluso, si en las vías se les sugiere prudencia al manejar, se bajan con un tubo en la mano para atacar. ¿Acaso el conductor del bus de la cooperativa Amazonas no sabía que rebasar en curva puede ocasionar su propia muerte? ¿Por qué lo hace? ¿Por servir a sus usuarios? No, los asesina.

Cierto es que las carreteras tienen mejor estructura, pavimento y señalización, pero no es para que los choferes se vuelvan “locos” y aceleren todo lo que pueden sus máquinas en mal funcionamiento. En lo que va del año 2012 han ocurrido 5.803 accidentes y en ellos han muerto 578 personas.

No hay país donde no existan accidentes. Obvio. Sin embargo, es lógico que la precaución en el servicio de transporte masivo sea la regla y, a la vez, que las sanciones sean proporcionales a la responsabilidad de los conductores y de las cooperativas de transporte.

Nadie devolverá la vida a los 16 fallecidos. Hay igual número de heridos con secuelas graves y para toda la vida. Y sobre ellos debe centrarse toda la atención por parte de la cooperativa. Pero hay que sentar precedentes: los que asesinan a sus pasajeros por su negligencia no pueden ser considerados como culpables sin responsabilidad penal o solo asumir como un accidente. De ahí que también es bienvenida la medida de considerarlos como los más buscados a esos choferes que huyen y dejan a las víctimas sobrevivientes abandonadas, sin auxilio ni atención inmediata.