Martha no está sola y Ecuador se une contra el machismo

- 19 de enero de 2019 - 00:00

Lo que ocurrió con Martha es lo más grave que hemos visto en los últimos años en nivel de brutalidad contra la mujer. Es tan indignante que duele repetir los detalles de un hecho que pasará a la historia como uno de los más repudiables en Ecuador, pero que deja lecciones clave sobre el comportamiento de la sociedad en materia de violencia de género.

La prensa, en general, se ocupó del suceso denunciado por la agredida en un bar, que el domingo pasado no atendió al público y que se constituyó en una traumática experiencia para una mujer de 35 años que confió en uno de sus amigos.

Una vez más la fuerza bruta e irracional de tres cobardes contra una mujer indefensa. Lo increíble de esta historia fue que, a través de las redes sociales, ha sido posible conocer lo que piensa un sector de la sociedad. Una vez más el machismo troglodita apareció por medio de mensajes que culpaban a la víctima por la salvaje agresión. Otros, simplemente, disculpaban a los agresores porque, según ellos, la alevosa violación fue cometida bajo la influencia del alcohol.

Pero no, el consumo de alcohol no es un atenuante y el Código Orgánico Integral Penal (COIP) castiga con hasta 29 años de prisión el delito de violación. Una sanción que no reparará el daño moral y los traumas, pero el lado positivo es que Martha tiene ahora el apoyo mayoritario de un país que rechaza la violencia sexual y el machismo.

Los ataques en grupo a mujeres, como por ejemplo el caso conocido en España como “la Manada” -que solo fue sancionado con 9 años de prisión-, denotan comportamientos psicóticos, odio inexplicable a la mujer y conductas obsesivas. La incomprensible actitud de los agresores no tiene justificación y la cárcel no es suficiente: el país propone castigos más severos.

La actitud de Martha de levantarse para continuar en su trabajo y no descansar hasta que la justicia funcione también es relevante. Como muchas mujeres ecuatorianas, Martha es una persona que vive de su empleo y espera, como todo el país, una sanción ejemplar a sus agresores, unos delincuentes degenerados. (O)