ALBA ya juega otro rol y genera nuevas posturas y debates

07 de febrero de 2012 - 00:00

La reunión del fin de semana en Caracas es muy sintomática. En América Latina se respira autodeterminación y mucha más dignidad diplomática para afrontar sus propios retos, visiones, acuerdos y hasta confrontaciones. Y no es un acto de “irreverencia” de un grupo de “países malcriados”, como dijo ya un diario estadounidense. Al contrario, por fin, como lo destaca hoy el diario Página 12, de Argentina, desde América Latina también se puede hablar de sanciones para aquellos países que, en pleno siglo XXI, todavía tienen aires de potencias imperiales.

Lo que no se destaca en el Ecuador se valora afuera: el presidente Rafael Correa impuso otra tónica a las cumbres de la ALBA y a otras de la región con sus tesis y propuestas. Y las ha hecho para generar otros procesos (como el sentido y contenido de la Unasur, Celac y la misma ALBA) y para asegurar que esas reuniones no se queden en la foto de presidentes y nada más.

De hecho, en la lógica tradicional los bloques regionales de América solo podían existir y ser en la medida que Estados Unidos los bendijera y sacramentara. Sin su venia nada se hacía, y mucho menos se aprobaba.

Pero es cierto, desde esa lógica, la actitud de los países de la ALBA es irreverente, solo se explica porque otro “poder” imperial estaría detrás. Y para esa lógica, la que defienden los editorialistas de los medios llamados independientes, ese poder no es otro que China, Irán, o quién sabe cuál más. Esas lógicas no saben de autodeterminación porque están hechas de sometimientos y arrodillamientos perpetuos a quienes consideran los gerentes de la humanidad.

La historia registrará estos momentos como el síntoma de ese cambio de época del que hablan Correa, Lula y Evo Morales. Y son síntomas a los que hay que darles sentido dentro de cada país, generando nuevas pedagogías de soberanía en todos los niveles, empezando por el cultural.