¿Agredir o criminalizar la protesta social?

22 de diciembre de 2011 - 00:00

Las imágenes no pueden ocultar una reiterada actitud de personas supuestamente vinculadas al Municipio de Guayaquil: agreden a todo aquel que se exprese en contra de las políticas y gestión de la administración de Jaime Nebot. Y lo hacen con la tranquilidad de saber  que en algunos medios llamados independientes esa información no se publica y, por tanto, según ellos, no existe en la realidad. Sin embargo, gracias a la tecnología y a las  redes sociales, la difusión de esas imágenes permite identificar y conocer que son los mismos personajes que en la campaña presidencial de 2009 y en otros eventos “políticos”, además de  incidentes con  los comerciantes informales, han utilizado la fuerza para impedir expresarse.

La última demostración de injustificada violencia fue en esta semana,  durante una protesta pacífica de varias organizaciones afines -según los agresores- al Gobierno y, como tales, “dignas” de  garrote. Según las imágenes, no caben dudas: son los mismos de siempre, vinculados al alcalde Nebot, a quien defienden, nadie sabe de qué.
Por lo mismo: ¿no cabe aquí el mismo reclamo que hacen otras organizaciones sobre una supuesta criminalización de la protesta social? ¿Por qué diarios como El Universo o El Comercio, que han hecho largos reportajes sobre la represión a organizaciones y dirigentes que están procesados por actos de vandalismo, no han publicado ni han protestado igual? ¿Cuál, de existir, es la diferencia entre uno y otro acto?

La diferencia es que detrás de todo surge la imagen de  Jaime Nebot. Y él debe reconocer y asumir que ya no es  Gobernador de la provincia del Guayas, ni tampoco estamos en tiempos de León Febres-Cordero. Por tanto, que asuma sus competencias constitucionales y municipales, pero, así mismo, que sancione a quienes lo merezcan. Lo más importante no es solo protestar, también se trata de escuchar a todos aquellos que tienen propuestas y que, sin afanes electorales ni proselitistas, realizan acciones positivas. Y Nebot debe escuchar a los jóvenes ecuatorianos.