La Academia Diplomática, otra vez en su emblemática sede

- 30 de noviembre de 2019 - 00:00

Solo por mencionar algunos nombres, Ecuador tuvo cancilleres con una enorme preparación y de un alto nivel intelectual, como Jorge Salvador Lara, Alfredo Pareja Diezcanseco, Luis Valencia Rodríguez, José Ayala Lasso, Jorge Carrera Andrade, Diego Cordovez... Tal vez la representación diplomática más importante de la historia fue la del expresidente de la República Galo Plaza Lasso (1906-1987), el único ecuatoriano electo secretario general de la Organización de Estados Americanos.

   Nuestro país tuvo diplomáticos muy destacados y una política exterior siempre profesional. Uno de los principales factores que influyeron para que esto ocurra fue la creación de la Academia Diplomática, el 21 de mayo de 1987. Algunos años después, la Academia comenzó a funcionar en la que fuera la residencia en Quito de Plaza Lasso, en el barrio La Mariscal. Los problemas comenzaron en 2008, cuando el expresidente Correa decidió que funcione en el Instituto de Altos Estudios Nacionales, hasta que por razones políticas dispuso su cierre definitivo en 2011.

   En diciembre del año pasado, el presidente Lenín Moreno tomó la decisión de abrir nuevamente sus puertas y en el mismo local donde funcionaba hasta 2008. La sede fue readecuada mediante recursos y cooperación de varios gobiernos, entre ellos España y Corea del Sur, que contribuyó en la instalación del moderno equipamiento tecnológico, lo cual permitirá alcanzar los más altos estándares para un mejor aprovechamiento de la labor y la capacitación de los diplomáticos de carrera.

   El viernes 29, el canciller José Valencia inauguró oficialmente la sede, que será dirigida por un funcionario de enorme trayectoria diplomática, como es el embajador Alejandro Suárez, quien destacó que el local se constituye en un símbolo para la actividad profesional de quienes aspiran a representar a Ecuador en las diversas misiones que demandan las actuales relaciones internacionales en una sociedad globalizada. La casa, dijo Suárez, está llena de historia, dignidad y ciudadanía. (O) 

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