40 años de democracia y el recuerdo de Jaime Roldós

- 11 de agosto de 2019 - 00:00

Agosto fue siempre un mes importante en la efeméride nacional. Por ejemplo, el 2 de agosto, la fecha que recuerda la masacre de los patriotas que buscaban liberarse del dominio español, o el 10 del mismo mes, conocido también como el Primer Grito de la Independencia. Por eso en estos días conmemoramos los 40 años de la democracia, porque el 10 de agosto era la fecha en la cual los presidentes juraban su lealtad a la patria y el respeto a la Constitución. Un 10 de agosto de 1979 asumía el poder Jaime Roldós Aguilera después de un proceso que había comenzado en 1978 con la aprobación de una carta magna que reemplazó a la de 1945.

   Roldós se erguía entonces como un líder político que instauró una doctrina que lleva su nombre y que marcó el inicio de la emancipación del continente americano que vivía bajo un dominio militar-dictatorial. En el corto tiempo que gobernó (falleció el 24 de mayo de 1981 en un accidente aéreo) llevó al continente sus conocimientos sobre derechos humanos, democracia y libertad. Le tocó afrontar la denominada guerra de Paquisha, en la frontera con Perú, y en materia política, la ruptura con el líder populista Assad Bucaram. La tragedia llegó poco después de su último discurso en el estadio Atahualpa: “Este Ecuador amazónico, desde siempre y hasta siempre, viva la patria”.

   El poder lo asumió su vicepresidente Osvaldo Hurtado, que luego lo entregó a León Febres-Cordero y este a Rodrigo Borja. Después vendría Sixto Durán-Ballén y, después de él, Abdalá Bucaram, que no llegó ni al año de gestión porque fue derrocado. Se inició entonces un período muy accidentado de elecciones y golpes de Estado. La Asamblea Nacional entregó una condecoración post mortem a Jaime Roldós, que fue recibida por su hija Martha; sin embargo, el bloque conocido como Revolución Ciudadana, que siempre puso de ejemplo a Roldós, en un acto político inexplicable, prefirió retirarse, con lo cual dejó claro que usó el nombre del expresidente solo para aparentar que compartían sus ideales democráticos. (O)