Los damnificados utilizan viejas botellas vacías para solicitar agua

La camiseta roja es la 'bandera' de quienes piden ayuda en las vías

Con este estandarte, los campesinos que viven en las comunidades a lo largo de las carreteras manabitas, llaman la atención de los carros con víveres.
07 de mayo de 2016 00:00

Jama.-

Cuando Alberto Rodríguez parquea su carro en la vía Jama-Pedernales para repartir los pocos víveres que le quedan luego de haber estado en Pedernales, alrededor de 25 personas lo rodean. Son de todas las edades, desde niños hasta ancianos.

A pesar de que la imagen parece estar en un ambiente de desorden, no es así. Todos observan mientras Rodríguez saca medicinas como paracetamol y sueros orales de la cajuela de su vehículo para donarlos al grupo de 5 familias. Ellos se agrupan para darle las gracias.

Ricardo Jama, quien vivía en El Palmar (Pedernales), asegura que al recibir ayuda, ellos (los damnificados) se sienten queridos, en especial luego de haberlo perdido todo en un minuto que la tierra tembló con el terremoto del 16 de abril.

“Todas las paredes se nos cayeron”, afirmó Ricardo. Es inevitable que entre las primeras palabras de un afectado por el sismo esté la narración de lo qué le pasó a su hogar. Su situación cambió drásticamente en un anochecer. Este jamense antes se dedicaba a la agricultura y con esto proveía sin lujos (como él resalta) a su familia, integrada por su esposa Ramona y sus 3 hijos.

Ahora debe agitar una camiseta roja atada a un palo, como si fuese  una bandera, para hacer señas a las personas que transitan por la vía y pedirles ayuda, ya sea agua, víveres o como en el caso de Rodríguez, medicinas.

Las camisetas rojas, convertidas en banderas, son una constante en varias carreteras de Manabí tras el terremoto. Es como una simbología de ‘aquí hay damnificados’. Es similar a las viejas botellas vacías que agitan las personas, con lo que comunican un mensaje de ‘queremos agua’.

Han pasado 21 días después del sismo y el volumen de la colaboración por parte de la ciudadanía ha bajado. En los albergues, la ayuda estatal abastece, pero no todas las personas damnificadas buscan los refugios. “Nosotros estábamos campo adentro, pero la ayuda no llegaba, por eso decidimos venirnos a la vía”, cuenta Ricardo. “Antes se veían camiones y más camiones pasar; ahora son menos”, expresó Ramona, y acota que la camiseta roja que ondea su esposo es de su hijo.

Hay casos en que las personas no saben de quién es la blusa que ondean, como sucede con Luis Sosa,  uno de los 5 cabezas de hogar que hay en el refugio que armaron con Ricardo Jama, Reinaldo Jama, Fabián Moreira y Felipe Sosa.

La estructura en la que viven ahora es más fuerte que la que los protegía en los primeros días. La caña es vital para ellos. De este material son las riostras y las vigas, así como los soportes del techo. El cartón y lonas de plástico sirven para las paredes y la cubierta. “Nos recomendaron que vengamos a la carretera y que no nos pongamos en un lugar donde haya montaña”, explica Ricardo.

Días antes pasaban en la iglesia de El Palmar, ubicada varios kilómetros adentro de la carretera, entre Jama y Pedernales. Cuentan que “da miedo dormir en un lugar con paredes. Preferimos hacerlo aquí, en la vía”.

Narcisa Barahona, esposa de Luis Sosa, está al cuidado de sus 2 pequeños hijos. “Necesitamos leche, pañales”. Dice que toda ayuda es importante, mientras sostiene al menor de sus hijos en brazos.

Ramona indica que el suero oral “es como oro”, porque nos sirve para hidratarnos. Estar en la carretera nos desgasta mucho, porque el Sol pega directo y solo tenemos pocas cosas para cubrirnos”.

Mientras los mayores revisan las donaciones recibidas pocos minutos atrás, los niños juegan en un espacio de 2 metros de ancho y a lo largo de la carretera, al interior del bordillo. Para ellos el refugio es una nueva aventura que sus padres esperan que termine pronto. “Tenemos esperanza de que volveremos a nuestras casas o tendremos casas nuevas”, manifiesta Ricardo. (I)

Cuando un carro se parquea, todas las personas se aglomeran alrededor del vehículo para recibir las donaciones. Foto: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

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Irán al vertedero municipal de Manta

Escombros ya no serán puestos en el Valle del Gavilán

Para evitar posibles afectaciones al medio ambiente quedó suspendido como depósito de los escombros ocasionados por el terremoto la zona del Valle del Gavilán, lugar que había sido escogido en primera instancia por el COE de Manta.

Por disposición del Ministerio del Ambiente se pondrán los restos de las edificaciones que están siendo demolidas en el vertedero municipal.

El alcalde Jorge Zambrano expresó que la escombrera del Valle del Gavilán se suspendió por solicitud de los moradores aledaños. Paralelamente, sostuvo, se trabaja en la ubicación de un nuevo vertedero para los escombros, lo que implica también la activación urgente del Ministerio del Ambiente, ya que el volumen que las maquinarias sacan a diario es mucho para la capacidad que tiene ese depósito.

“El vertedero podrá asumir las descargas de unas pocas horas o días de los desechos, por lo que hay que trabajar en conjunto en uno nuevo”, manifestó el alcalde a miembros del COE.
También se plantea la necesidad de implementación de equipamiento en los terrenos que son adecuados para reasentar a los comerciantes de Tarqui.

Zambrano acotó que ya realizan los trabajos, también, en el programa municipal Mi Primer Lote, en el que se ubicarán de manera definitiva familias que se encuentran de momento en los albergues y las que están en los otros refugios.

El martes, Zambrano recorrió los terrenos junto al vicepresidente Jorge Glas. (I)

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Infraestructura está en buen estado

Empresarios invitan a los turistas a Crucita

El terremoto de 7.8 grados del pasado 16 de abril no causó mayores afectaciones en la infraestructura hotelera de Crucita.

Ante esta situación, los empresarios turísticos de la localidad buscan que la dinámica de este sector de Portoviejo vuelva a la normalidad.

“Que sigan viniendo a visitar Crucita, hoy más que nunca. Tenemos un impacto focalizado en otros sitios por el sismo, pero la infraestructura hotelera de acá está intacta y las playas desde Crucita hasta La Boca están igual de bellas, así como otros atractivos que tiene el balneario”, dijo Betty Carbo, gerente administrativa del hotel Hipocampo.

La localidad es un destino turístico donde las familias pueden disfrutar de variados servicios y desconectarse de la tragedia, acotó la empresaria. “Estamos conscientes de la situación y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados”, expresó James Cheek, dueño del bar-restaurante La Loma de Crucita, quien se comprometió a mejorar los servicios prestados a los clientes.

Ecuador Alcívar, propietario de Paraíso Hotel Ecuador, comentó que ha armado un plan estratégico para afrontar la falta de visitantes.

Alcívar asegura que tras el sismo su prioridad ha sido reforzar las medidas de seguridad para los visitantes que se hospeden en su hotel. “Lo más urgente es precautelar la vida de las personas que llegan”, manifestó el empresario portovejense. (I)

Cinco familias se unieron en la vía Jama-Pedernales para formar su refugio. La manera de pedir ayuda a quienes transitan por el lugar es con una camiseta roja.
Foto: Rodolfo Párraga/El Telégrafo
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