Terremoto en Ecuador 100 días

“Hay que sonreírle y echarle ganas a la vida”

El desplome de una pared dejó atrapada a Marilú. Estuvo más de dos meses en Quito recuperándose de sus lesiones.
26 de julio de 2016 00:00

Marilú Guaranda Mendoza

Edad: 33 años. Tiempo bajo escombros: 5 minutos. Trabajo antes del 16A: Comerciante. Domicilio acogiente: Sector Zanahoria, casa de su mamá Isabel Mendoza. Hijos: 2. Meta: Tener una nueva casa porque la anterior fue demolida, y retomar los estudios.

Desde su silla de ruedas, con una amplia sonrisa y los ojos llenos de amor, dirige la mirada hacia su pequeño de cuatro meses y expresa: “¡Está lindo mi hijo!”.

Marilú Guaranda (33 años) no lo veía desde abril. El día del terremoto estaba en casa de su suegra y quedó aplastada por una pared. La noche del 16 de abril, la mujer departía de un encuentro familiar, en el sector Zanahoria.  

Tuvo un corte en la cabeza, fracturas en la columna y  la pierna izquierda. En ese momento el niño, de apenas 17 días de nacido, se resbaló de sus brazos y fue a dar en medio de tres ladrillos, pero apenas sufrió unos pequeños raspones.

Desde ese día el bebé quedó al cuidado de sus padres y hermanos, tal como su otro hijo, mientras Marilú se recuperaba de las lesiones en el Hospital Enrique Garcés, en Quito, de donde le dieron de alta hace un par de semanas.

El 16 de abril su vida cambió. “Siento que no soy ni volveré a ser la misma por toda las operaciones que tengo. Los médicos me dicen que sí volveré a caminar con normalidad, pero que no puedo levantar cosas pesadas... no será lo mismo”, expresa la mujer.

Cree que le dieron una segunda oportunidad de vivir. Cuando salió del hospital se dijo: “me pondré a estudiar porque en pocos años mis hijos estarán en la escuela y yo debo conocer los nuevos procesos de enseñanza. Además quiero terminar la secundaria para luego ser comunicadora social”.

La joven hace rehabilitaciones en el Patronato y cree “que hay que sonreírle y echarle ganas a la vida, no quedarse estancada”. Su preocupación es que perdió su casa, fue demolida por los daños en la estructura. “Mi esperanza es que me ayude el Gobierno para recuperar mi vivienda”.  

Luego de tres meses del terremoto siente alivio porque su esposo, Róbinson Pisco, halló trabajo. La última cirugía de  Marilú fue hace un mes en la columna y tendrá que esperar otro mes para que pueda asentar su pierna. (I)

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