Ni siquiera monseñor Hugo Reinoso, deán de la Catedral de Quito, sabe cuándo llegó al templo la Lignun Crucis, enviada desde El Vaticano.
Se trata, según el religioso, de un pedazo de la cruz en la que fue colocado Jesucristo, extraído del artefacto que fue hallado por santa Helena en Jerusalén.
La reliquia se conserva en forma de dos astillas colocadas en forma de cruz y ubicadas en el centro de una figura similar engastada con piedras preciosas.
La Lignun Crucis se usa en la parte final de la ceremonia del Arrastre de Caudas. Se trata de la bendición que hace el Arzobispo de Quito a los fieles presentes.
El Arrastre, como se lo conoce actualmente, tiene su origen en la catedral de Sevilla (España).
De acuerdo con las crónicas, con la conquista pasó al principal templo de Lima, sufragáneo (dependiente) de la catedral española.
Y desde la iglesia de la capital peruana la tradición religiosa llegó a Quito porque su iglesia matriz era dependiente, a su vez, de la limeña.
En la actualidad el rito únicamente se lo celebra en la capital ecuatoriana. (I)
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