Tres mujeres operarán las grúas del Puerto de Aguas Profundas de Posorja

- 19 de mayo de 2019 - 00:00
Dos ecuatorianas y una venezolana rompen con los estereotipos del llamado “trabajo para hombres”.
Fotos: William Orellana / El Telégrafo

Dos ecuatorianas y una venezolana radicada en el país se convierten en las primeras féminas del Ecuador en manipular este tipo de máquinas. Ellas recibieron capacitación en Santos, Brasil. Cada una cuenta su historia.

Es miércoles 15 de mayo. Un viaje de Guayaquil a la parroquia rural Posorja toma una hora y media. Llegamos al lugar donde se construye el Puerto de Aguas Profundas.

A la entrada hay un muro con una leyenda en mandarín que está traducida al inglés (China Harbour Posorja Multi-Purpose Terminal Proyect Ecuador).

En el campamento el ir y venir del personal con cascos blancos, chalecos verdes y naranja, y botas especiales, es virtuoso. Luego de una charla de seguridad, inmediatamente nos “equipamos” y nos trasladan a otra área.

Allí, en uno de los contenedores habilitado como oficina, están las tres mujeres que se han convertido en las primeras de Ecuador y Venezuela, respectivamente, en operar grúas pórtico y RTG.

Las primeras sirven para embarcar o desembarcar los contenedores de los barcos de gran calado. Las otras hacen lo mismo pero en el patio. Ellas fueron enviadas a Santos, en Brasil, por la empresa que las contrató, DP World Posorja, para capacitarse en el manejo de este tipo de maquinaria.

La capacitación en el campamento de Posorja continúa y no solo incluye la práctica, sino también las pruebas en un simulador, y otros factores inherentes a este trabajo.

Las tres tenían un sueño que hoy se ha hecho realidad. Están felices pues indican que ni su edad ni su género impidieron que fueran contratadas en este proyecto que abrirá el abanico comercial en el país.

Destacan la equidad de género y el trato igualitario con todos los empleados, sin distinción del cargo que ocupen. Contar sus historias las llena de emoción al borde de las lágrimas. Ellas exhiben su orgullo con modestia. (I)

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Érika Macías Moreira
Oriunda de Portoviejo, Manabí, 34 años.

Érika Macías Moreira. Oriunda de Portoviejo, Manabí, 34 años.Su niñez se desenvolvió en medio de tractores, tráileres. Cuando tenía entre 2 y 3 años de edad, su padre la llevaba de viaje. Con él traspasó las fronteras por trabajo. Recuerda que llegó a Perú, Colombia y Venezuela. “Eso siempre me gustó”.

La primera máquina que operó fue un rodillo de afirmado. Luego una barredora de bobcat y de allí se subió a un Tampo, “que es el que sella el asfalto”. Posteriormente, operó un rodillo de doble tambor, para después especializarse en el manejo de motoniveladoras. Tuvo la oportunidad de trabajar en una empresa cementera, donde operó un dumper y un camión 775G.

Érika Macías no ha perdido su feminidad pese a que siempre le gustó ejecutar trabajos considerados como “solo para hombres”.
A DP World, inversionista del proyecto de Puerto de Aguas Profundas de Posorja, llegó por una amiga que le recomendó aplicar al requerimiento que hacía la empresa vía internet. Y así lo hizo.

“Cuando me llamaron fue algo increíble, emocionante. Uno piensa que a veces por la edad ya no lo van a considerar. Me emocioné, lloré, y la chica que me llamó pudo sentir mis lágrimas”, destaca.

Pero eso no era todo. Luego de decirle que fue aceptada para trabajar en esta empresa, inmediatamente le comunicaron que iban a mandarla a Brasil. “Fue algo único”.

Los padres, hermanos y los dos hijos de Macías, de 16 y 10 años, están orgullosos. “Mi papá dijo que siempre vio en mí esa actitud de que me gustaba operar máquinas; que ni a los varones les veía esa inclinación como a mí”.

Al inicio, su mamá se sentía decepcionada, pues quería que su hija estudiara enfermería; no deseaba que siguiera con “esa vida de hombre”. Ahora ella se siente feliz, y le pregunta cómo es su trabajo en Posorja.

La profesión que escogió fue Psicología, llegó hasta el sexto semestre, pero se retiró porque quedó embarazada de su segundo hijo, aunque nunca dejó de operar maquinaria pesada.

Viajó a Santos, Brasil, el 17 de marzo de este año y regresó el 28 de abril. De esta experiencia resalta que en la empresa hay equidad. “En otros lados hay igualdad, que no es lo mismo. Aquí hay equidad, el mismo derecho que tiene él, lo tengo yo y lo tienen los demás; aquí todos somos iguales”.

Los fines de semana, Érika retorna a Portoviejo, a su casa ubicada en la calle Medardo Cevallos. Su familia la recibe ansiosa, siempre con el anhelo de saber qué de nuevo aprendió y cuándo manejará las grúas pórtico o RTG (de patio). (I)

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Génesis Márquez García
Oriunda de Miranda, Venezuela, 28 años.

Génesis Márquez García. Oriunda de Miranda, Venezuela, 28 años.Génesis Márquez llegó a Ecuador en octubre de 2016, proveniente de Los Teques, estado de Miranda, Venezuela. Abandonó su país pues quería experimentar cambios en su vida.

Es alférez de navío (primer grado de oficial) de la Armada de su país. Pidió la baja a dicha institución y emprendió el viaje hasta Ecuador. Por un año y ocho meses trabajó en un restaurante de Guayaquil, ciudad que escogió para radicarse.

El año pasado vio un aviso en internet donde se requerían mujeres para operar las grúas pórtico. “Me dije: yo quiero porque es algo que engloba el término marítimo y como venía de la Armada y no pude ejercer porque decidí venirme, entonces apliqué”.

Márquez reconoce que es una mujer que le gusta experimentar y que no le tiene miedo a los cambios. Su primera visita al campamento en Posorja fue en 2018, y el 2 de enero de este año 2019 ya se vinculó oficialmente a la empresa. “Allí estuvimos los primeros seleccionados para viajar a Santos, Brasil”.

Esta experiencia la califica como enriquecedora, pues la ayudó a crecer como persona, ser humano y profesional. “Era algo totalmente nuevo y gracias a Dios se me abrieron las puertas acá, donde sí existe el tabú de si eres extranjera y mujer”.

Pero DP World -afirma- está rompiendo esos esquemas, esos parámetros y está vinculando a las mujeres para que se den cuenta de que sí podemos hacer lo mismo y hasta mucho más que los hombres.

El viaje a Santos, dice, “fue algo único. Los chicos allá decían: me parece demasiado extraño ver a una mujer sentada en mi silla. Yo les contestaba: pues acostúmbrate porque ahora es que vienen más (se ríe)”.

En ese puerto hizo 280 horas de práctica, nunca le tuvo miedo a la altura, por eso no sintió temor de subirse a lo más alto de la grúa pórtico. “Trabajamos (en Santos) moviendo contenedores, embarcando, descargando, haciendo remociones tanto en patio como en buque, ya tenemos ese contacto físico con la máquina”.

Desde que llegó a Ecuador considera que pocas personas le tuvieron recelo por ser extranjera. “Fue una minoría; más que con este país estoy agradecida con los ecuatorianos que siempre me han apoyado y nunca he tenido un ‘no’ como respuesta”.

Génesis espera con ansias que el puerto de Posorja esté operativo. (I)

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Yolanda Aldaz Gálvez  
Nació en Zamora Chinchipe, 42 años

Yolanda Aldaz Gálvez. Nació en Zamora Chinchipe, 42 añosDesde pequeña, Yolanda Aldaz se vio atraída por las máquinas, en especial, las de minería, con las que su padre trabajaba. Nació en Zamora Chinchipe, pero se radicó con su familia en Loja. De hecho, sus estudios primarios, secundarios y superiores los realizó en las capitales de ambas provincias.

De adolescente -recuerda- siempre estuvo vinculada con lo que es maquinaria. Su motivación también fueron las empresas mineras del sector. Sin embargo, la enfermería también le llamaba la atención, así que se profesionalizó en esta área.

Un motivo para involucrarse en esta rama de la salud fue que un hijo suyo (tiene tres), a los 5 años, se electrocutó y esto despertó en ella ese interés. “Soy enfermera, además tengo la experiencia de operadora de maquinaria en minas, pero máquina pesada como tractores, excavadora, retroexcavadora, tractor”.

Su vocación como operaria obedece a que este oficio se ha transmitido de generación en generación en su familia. “Mi padre tiene una pequeña empresa de venta de material pétreo y trabaja con máquinas”.

Como enfermera ha laborado en hospitales, centros de salud, campañas, en centros gerontológicos y con personas con discapacidad.

Su círculo de amistades relacionado a la minería le avisó que estaban buscando a las primeras mujeres para operar las grúas pórtico (Ikusi) y las RTG que entrarán en operación en el Puerto de Aguas Profundo de Posorja en agosto.

“Seguí el proceso de reclutamiento para la empresa, investigué y apliqué, siguiendo los protocolos. Esta es una oportunidad que se le ha dado a las mujeres”.

Aldaz destaca que nunca imaginó manejar una grúa tan grande (como un edificio de 16 pisos o más). Dice que en su viaje a Brasil, a donde fue para capacitarse, les enseñaron mucho, así como sus costumbres y valores. “También que tenemos que adueñarnos de la máquina. Desde el momento en que se sube a la grúa uno es el responsable”.

Resalta que no es la primera vez que trabaja con hombres, pero “acá hay mucho compañerismo, apoyo; somos una familia”.

Yolanda confiesa que se siente ansiosa porque llegue el momento de operar las grúas. Y que sus hijos están orgullosos de ella.
“Estamos muy felices, yo ya quiero acción; aunque en Brasil sí trabajamos y fue una experiencia única”. (I)

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