Testimonio

Un triste retorno

- 13 de agosto de 2018 - 22:00

Tras concluir el partido entre Deportivo Cuenca y Barcelona, en las afueras del estadio Alejandro Serrano Aguilar se vivían minutos de gran camaradería entre los hinchas amarillos. Abrazos y sonrisas había entre los miembros de la barra Sur Oscura previamente al retorno a Guayaquil, Machala y otros lugares. Este comenzó pasadas las 14:30.

El bus en el que viajaba, uno de la Cooperativa Paján, iba lento, ya que esperábamos a seis de nosotros que se quedaron, porque uno de ellos tenía que recoger una mochila que dejó en el carro de una amiga.

Tras una larga espera, partimos rumbo a Guayaquil. Mientras algunos dormían, el grupo de Harrison Díaz era el más alegre y fue uno de ellos que pidió al chofer detener el bus en un punto de la carretera para miccionar. Cerca de las 16:30 nos detuvimos.

Luego, Harrison me pidió que le tomara una foto con sus amigos, segundo antes de aquello, un auto se detuvo frente a nosotros y unas chicas nos dijeron que “un bus de sus amigos, hinchas de Barcelona, se volcó y hay heridos”.

Al oír esa noticia, Harrison fue el primero que reaccionó y el que bajó por la vía preocupado y presuroso. “Vamos rápido, hay que ayudarlos”.

Kilómetro y medio nos separaban del lugar. Al llegar, la escena era devastadora. El bus de la Cooperativa Señor de los Milagros, disco 42, estaba volcado e incrustado contra la baranda de cemento del puente El Chorro, del sector Molleturo.

Decenas de hinchas heridos acostados y otros sentados a un lado de la vía, y debajo del puente (de unos 10 metros de altura) había cinco más que cayeron producto del accidente. Entre ellos había una chica que, aún consciente, sus ojos pedían que la ayudemos. Minutos después, una persona trajo una sábana para subirla a la vía para que cuando llegaran los paramédicos la atendieran de inmediato, pero falleció en el corto traslado.

Harrison fue uno de los que más ayudó. Así como otros hinchas, no le importó el frío, ni la neblina ni la fugaz lluvia que se presentó en el lugar. “Denme sus abrigos, hay que ayudar, hay que abrigar a los heridos”, decía furioso.

Arriba el cuadro era desgarrador, sobre todo en la parte de atrás del bus, donde personal del ECU-911 trabajaba en el rescate de otros heridos y los fallecidos atrapados entre los asientos y hierros del bus. Otros tres cuerpos habían metros más adelante, y cerca de ellos, más de 10 personas eran atendidas por paramédicos e hinchas. Todos abrigados.

“El chofer salió del bus, regresó y me dije que era para ayudar, pero fue solo para coger un bolso e irse”, contó uno de los chicos del bus accidentado. Otro indicó que el transporte iba a velocidad y que al parecer perdió los frenos, y que para evitar irse al abismo el chofer hizo una extraña maniobra que provocó el terrible suceso. Fueron minutos de tristeza los vividos la tarde del domingo.

Hubo lágrimas y desesperación entre los hinchas de Barcelona que acompañaron al equipo. (O)

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